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6. El Frente Popular (febrero-julio de 1936)

Las elecciones se realizaron en un clima agitado. En Europa los fascismos avanzaban. Al fascismo italiano de Benito Mussolini se había sumado desde 1933 el nacionalsocialismo alemán liderado por Adolf Hitler, que era mucho más agresivo. El peligro había sido advertido por la otra gran potencia totalitaria, la Unión Soviética, dirigida por Josef Stalin, que a través de la III Internacional dio orden a los partidos comunistas europeos de buscar alianzas con los otros partidos obreros y con los partidos liberales de izquierdas para frenar el avance de los fascismos. Esa fórmula de alianza, que triunfaría en países como España o Francia, recibió el nombre de "Frente Popular". En España el temor a la derecha hizo que toda la izquierda, incluidos los comunistas y los anarquistas, se presentara unida en una coalición que recibió precisamente ese nombre. Esta amplia coalición de izquierdas permitió el triunfo del Frente Popular. Por el contrario, el centro y la derecha, desgastados por el poder y las divisiones internas, obtuvieron unos resultados electorales peores. El más afectado fue el Partido Radical, que se hundió.

La geografía electoral anuncia lo que posteriormente sería la geografía de la Guerra Civil. La izquierda triunfó en los centros mineros e industriales (Cataluña, Valencia, País Vasco, Asturias), así como en Madrid, el litoral mediterráneo y el sur de España. La derecha triunfó en Castilla-León, Aragón y el interior de Galicia.

Las Cortes en 1936
Imagen de elaboración propia

La primera acción de las Cortes recién elegidas fue la aprobación de una moción de censura promovida por los diputados de izquierdas contra el Presidente de la República. Alcalá-Zamora fue destituido y Manuel Azaña fue nombrado nuevo Presidente de la República (¡ojo! ¡antes había sido Presidente del Gobierno, ahora es Presidente de la República!). Por otra parte, el nuevo gobierno quedó en manos del partido de coalición que ahora dirigía la izquierda liberal, Izquierda Republicana, siendo Presidente del Gobierno Santiago Casares Quiroga.

La actuación del gobierno mostró continuidad con la política desarrollada en el bienio izquierdista. Se proclamó una amnistía a los presos políticos. Se restauró el Estatuto catalán y se presentó a Cortes el Estatuto Vasco. Sin embargo, el gobierno fue incapaz de frenar la espiral de violencia. La izquierda obrera apoyaba cada vez menos al Gobierno, sobre todo a medida que el ala radical del PSOE, dirigida por Largo Caballero, ganaba influencia. Choques entre militantes de la izquierda obrera y falangistas provocaron la "primavera trágica" de 1936. La violencia política aumentaba en las grandes ciudades.

En ese contexto de radicalización, cada vez más sectores de la derecha comenzaron a sumarse a las tesis de la derecha radical. Se organizó una conspiración de militares y políticos de la extrema derecha, con el objetivo de derribar la República mediante un golpe de Estado. Entre los líderes políticos de la conspiración se incluía José Calvo Sotelo, el ex-ministro de Primo de Rivera. Entre los militares se incluía José Sanjurjo, líder de la conspiración desde su exilio en Portugal, y los generales Francisco Franco y Emilio Mola. El Gobierno supo de esta conspiración, pero no se sintió con fuerzas para encarcelar a sus líderes. Así que intentó neutralizarla dispersando a los militares sospechosos. Franco fue enviado a Canarias, desde donde comenzó a preparar la sublevación. Mola fue enviado a Navarra, donde se ganó el apoyo de los carlistas. En otras palabras, la política de dispersión no hizo sino dar a los sublevados un espacio tranquilo y apartado para preparar el golpe desde la periferia.

Portada de periódico del 14 de julio de 1936
Composición del titular y la portada de la edición del 14 de julio de 1936 del períodico Ahora, dedicados a los asesinatos del Teniente Castillo (izqueirda) y Calvo Sotelo (derecha).
Imagen en Biblioteca Nacional de España. Hemeroteca Digital. Licencia CC.

A la altura de julio de 1936 el plan de sublevación estaba preparado. Pero era necesario garantizar que la sublevación encontrara un amplio apoyo entre la derecha, no sólo entre sus sectores más radicales, que en realidad sólo representaban a una minoría. Hacía falta un detonante, un acontecimiento que diera alas a la indignación de los votantes de derechas. El 12 de julio el militante socialista José Castillo, teniente de la Guardia de Asalto, fue asesinado a tiros por grupos de extrema derecha, probablemente falangistas. Como represalia, el 13 de julio de 1936 los compañeros de José Castillo asesinaron a José Calvo Sotelo. El asesinato de Calvo Sotelo fue la gota que colmó el vaso. Los conspiradores consideraron que el clima político era el idóneo para ejecutar su plan. El 17 de julio de 1936 la sublevación de la guarnición de Melilla daba inicio a la Guerra Civil (1936-1939).