Las elecciones se realizaron en un clima agitado. En Europa los fascismos avanzaban. Al fascismo italiano de Benito Mussolini se había sumado desde 1933 el nacionalsocialismo alemán liderado por Adolf Hitler, que era mucho más agresivo. El peligro había sido advertido por la otra gran potencia totalitaria, la Unión Soviética, dirigida por Josef Stalin, que a través de la III Internacional dio orden a los partidos comunistas europeos de buscar alianzas con los otros partidos obreros y con los partidos liberales de izquierdas para frenar el avance de los fascismos. Esa fórmula de alianza, que triunfaría en países como España o Francia, recibió el nombre de "Frente Popular". En España el temor a la derecha hizo que toda la izquierda, incluidos los comunistas y los anarquistas, se presentara unida en una coalición que recibió precisamente ese nombre. Esta amplia coalición de izquierdas permitió el triunfo del Frente Popular. Por el contrario, el centro y la derecha, desgastados por el poder y las divisiones internas, obtuvieron unos resultados electorales peores. El más afectado fue el Partido Radical, que se hundió.
La geografía electoral anuncia lo que posteriormente sería la geografía de la Guerra Civil. La izquierda triunfó en los centros mineros e industriales (Cataluña, Valencia, País Vasco, Asturias), así como en Madrid, el litoral mediterráneo y el sur de España. La derecha triunfó en Castilla-León, Aragón y el interior de Galicia.
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