La proclamación de la Segunda República el 14 de abril de 1931 fue recibida con entusiasmo por amplios sectores de la población, especialmente entre los votantes de centro e izquierda de las grandes ciudades. Para muchos, los auténticos republicanos, la República era un proyecto político deseado como fin en sí mismo. Pero para muchos otros, entre ellos muchos de los que se habían convertido al republicanismo recientemente, la República era una salida a una situación insostenible. La situación se parecía a la del Sexenio Revolucionario en dos aspectos. Primero, había mucho más acuerdo en el rechazo a la monarquía borbónica que en el modelo político que había de sustituirla. Segundo, la República había llegado a España de nuevo como resultado de una grave crisis política y económica. Pero ahora le tocaba gestionarla.
Historia de España 12. La Segunda República (1931-1936)
2. Los problemas heredados
De esa forma, la II República se va a encontrar con una serie de problemas heredados que acabarán por hundirla en el baño de sangre de la Guerra Civil (1936-1939). Podemos sintetizarlos como sigue:
- El país atravesaba graves dificultades económicas. Había, en primer lugar, dos problemas estructurales. El primero era el problema agrario. El campo español era muy poco productivo, dado su atraso tecnológico. Además, las tierras estaban muy mal repartidas. Mientras en Galicia y la Submeseta Norte abundaba el minifundismo, económicamente insostenible, en Extremadura, Castilla-La Mancha y Andalucía dominaba el latifundismo y, con él, el problema de los jornaleros, que llevaban una vida precaria, buscando trabajo a diario y cobrando a destajo. El segundo problema estructural era el escaso desarrollo industrial de España, que impedía absorber la mano de obra que sobraba en el campo. La crisis del 29 y la depresión de los años 30 agravaron esta situación.
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Se encontraba a continuación el problema religioso, es decir, el creciente enfrentamiento entre la España clerical y la España anticlerical. Este problema se manifestó de forma trágica al poco de proclamarse la república, con la proliferación de episodios de quema de iglesias y conventos que provocaron indignación entre la opinión pública católica.
Una iglesia madrileña arde durante la oleada de quema de iglesias y conventos de mayo de 1931 (Revista Crónica. 17.5.1931. Foografía: Álvaro)
Imagen en Biblioteca Nacional de España. Hemeroteca Digital. Licencia CC. - La República heredaba además el problema militar, es decir, el problema generado por un ejército anticuado, con exceso de oficiales y que había comenzado a intervenir de nuevo en política, presentándose ahora como única institución capaz de salvar a la patria frente a los políticos. Aunque muchos militares habían participado en las conspiraciones republicanas, la mayoría mostró muy pronto un fuerte desapego por la República, cuando no abierta hostilidad, inclinándose hacia la derecha radical autoritaria.
- Estaba también el problema nacionalista, es decir, el conflicto entre quienes defendían el reconocimiento político de las naciones periféricas de España y quienes defendían el reconocimiento exclusivo de la nación española. El conflicto se había agravado por el reciente auge de movimientos nacionalistas de izquierdas, más radicales en sus reivindicaciones que el viejo nacionalismo de derechas. El problema se manifestó de inmediato. El 14 de abril, mientras se proclamaba en Madrid y otras ciudades la II República Española, el catalanista Francesc Macià proclamaba en Barcelona la "República de Cataluña".
- El problema social fue un permanente telón de fondo. La tensión acumulada en las décadas anteriores se vio agravada ahora porque la República fue considerada por el movimiento obrero como una ocasión idónea para aumentar la agitación revolucionaria e imponer su modelo político y social.
- Finalmente, hay que destacar como causa del futuro fracaso republicano la escasa tradición democrática y la debilidad del republicanismo. Los gobiernos republicanos y los representantes del Estado no supieron gestionar de forma democrática los conflictos, recurriendo con frecuencia a actitudes autoritarias o respondiendo de forma tosca a situaciones políticas delicadas. Por otra parte, no eran demasiados los auténticos republicanos, lo que debilitaba a este régimen al que los españoles no estaban acostumbrados.
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