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1. La caída de la monarquía

Tras haberse beneficiado de la coyuntura económica favorable de los años 20, la dictadura de Primo de Rivera acabó cayendo víctima de la crisis del 29, que dio inicio a la larga depresión de los años 30. La retirada de capitales extranjeros y el hundimiento de la peseta provocaron el cierre de empresas, el aumento del paro, el agravamiento de la deuda externa y la inestabilidad económica.

La crisis económica hizo que los descontentos acumulados contra la dictadura se manifestaran. A la permanente oposición de anarquistas, catalanistas y antiguos políticos liberales se unieron ahora los intelectuales y las nuevas clases medias, deseosos de libertad. Se sumaron también los militares, descontentos por las reformas que Primo de Rivera había introducido en el Arma de Artillería. Se sumaron asimismo los socialistas, cada vez más distanciados de la dictadura. Finalmente, se sumaron a la oposición sectores empresariales contrarios al intervencionismo estatal. El propio Alfonso XIII se distanció de la dictadura. Sintiéndose aislado, el dictador sondeó al ejército en busca de apoyo. Al no obtenerlo, presentó su dimisión a Alfonso XIII el 30 de enero de 1930 y se exilió a Francia, donde murió poco después.

La dimisión de Primo de Rivera tuvo repercusiones enormes en la vida política española. El apoyo prestado por Alfonso XIII a la dictadura y su incapacidad para avanzar políticamente tras su caída hicieron que la monarquía acabara siendo arrastrada por esta. En otras palabras, la caída de la dictadura significó la caída de la monarquía.

Tras la dimisión de Primo de Rivera el Rey encargó formar gobierno al general Berenguer. Su objetivo era restaurar el régimen de 1876, es decir, volver a la Restauración. Para preparar el camino Berenguer restauró la libertad de prensa, pero, temeroso de que la situación política se le fuera de las manos, siguió gobernando por decreto (es decir, legislando desde el poder ejecutivo, sin contar con unas Cortes representativas) y fue retrasando las elecciones. Por eso al gobierno de Berenguer (enero de 1930-febrero de 1931) se le conoció popularmente como la "dictablanda" (en contraposición a la "dicta-dura"). Frente a la indecisión de Berenguer, la agitación popular fue creciendo y el republicanismo fue apareciendo cada vez más como la única salida política, atrayendo a la izquierda, a intelectuales y militares y a un número creciente de antiguos monárquicos como Niceto Alcalá Zamora.

El 17 de agosto de 1930 republicanos y catalanistas de izquierda, con apoyo socialista, firmaron el Pacto de San Sebastián, una alianza política para derrotar a la monarquía e implantar la República. Sus dirigentes formaron un Comité Revolucionario. Se trató de implantar la República recurriendo a los viejos métodos, es decir, por la vía del pronunciamiento. Este se materializó primero en la sublevación del cuartel de Jaca (Huesca), dirigida por los capitanes Galán y García, y más tarde en el aeródromo de Cuatro Vientos (Madrid), bajo la dirección del general Queipo de Llano. Ambas iniciativas fracasaron y los dirigentes del comité revolucionario fueron encarcelados o huyeron. Pero el fusilamiento de Galán y García y el encarcelamiento del comité revolucionario dieron mártires a la causa republicana. Berenguer trató de hacer cesiones, pero ante el rechazo general tuvo que dimitir.

Mujeres en la campaña electoral de 1931
La participación de mujeres en la campaña electoral de las elecciones del 12 de abril de 1931 llamó la atención de la prensa (Diario Ahora. 14.4.1931. Fotografía: Cervera).
Imagen en Biblioteca Nacional de España. Hemeroteca Digital. Licencia CC.

Lo sucedió el breve gobierno del almirante Aznar (febrero-abril de 1931). Aznar intentó calmar la tensión convocando para el 12 de abril elecciones municipales, que eran menos arriesgadas políticamente que las generales. Vencieron los monárquicos, pero la victoria de los republicanos en la mayoría de las grandes ciudades, donde el caciquismo tenía menor influencia, llevó a interpretarlas como un triunfo moral republicano. Ciudades como Barcelona proclamaron la República. En Madrid, la Guardia Civil reconoció la autoridad del Comité Revolucionario, que fue liberado en medio de una celebración popular. Al comprobar la escasa voluntad de resistencia de su régimen, Alfonso XIII renunció al trono y partió al exilio. El 14 de abril de 1931 se proclamó la II República.