Introducción

![]() |
| Imagen de elaboración propia. |
El cristianismo nació a comienzos del siglo I d.C. en Próximo Oriente, en lo que entonces era la provincia de Judea, hoy Israel. Es una religión monoteísta (o sea, que cree en un único dios), que nació entre la comunidad judía que seguía a Jesús. Tras su muerte empezó a extenderse especialmente entre los judíos helenizados y finalmente entre la población no judía del Imperio.
Los romanos no tenían problemas con aceptar nuevos dioses, siempre que los súbditos del imperio cumplieran además con los ritos de la religión oficial, especialmente con el culto imperial. Por eso el Imperio Romano tuvo muchos problemas con el cristianismo. Los cristianos se negaban a rendir culto a los emperadores. Así que muchos emperadores persiguieron a los cristianos como enemigos del Imperio.
A mediados del siglo III d.C. estalló una grave crisis en el Imperio Romano. Durante medio siglo (235-284) volvieron las guerras civiles, hasta que el emperador Diocleciano (284-305) logró devolver la estabilidad al Imperio. Pero el Imperio había cambiado y para controlarlo se estableció un sistema diferente del principado del Alto Imperio. Es lo que conocemos como Bajo Imperio.
![]() |
![]() |
Para superar la crisis Diocleciano tuvo que dividir el poder entre cuatro emperadores, los tetrarcas. Fue el primer ensayo de la división definitiva, que llegaría un siglo después. |
| Retrato de Diocleciano (Instituto de Arte de Chicago). Imagen de R.V.Huggins en Wikimedia Commons (detalle). Licencia CC. |
Representación de los tetrarcas en Venecia. Imagen de Nino Barbieri en Wikimedia Commons. Licencia CC. |
![]() |
||
| Moneda conmemorativa de oro acuñada por Constantino en el 313. En ella aparece representado junto al dios Sol, al que después reemplazó en la propaganda imperial por el Dios cristiano. Imagen de Marie-Lan Nguyen en Wikimedia Commons. Dominio público. |
El emperador se presenta ahora claramente como un rey, como Señor (Dominus) de los romanos. Concentra todo el poder y gobierna mediante una extensa burocracia. Las antiguas instituciones republicanas quedan convertidas en un reliquia del pasado. Como la administración imperial toma todas las decisiones, a las aristocracias locales les resulta cada vez menos rentable invertir sus recursos en la vida política de sus ciudades. Los aristócratas se retiran a sus lujosas villas rurales y la mayoría de las ciudades entran en decadencia. La sociedad y la economía vuelven a ser más rurales. En ese nuevo ambiente a los romanos les atraen cada vez más las religiones que buscan la salvación individual mediante la fe en un único Dios. Entre ellas destaca el cristianismo.
A partir del siglo IV los emperadores vieron que rendir culto a un solo dios podía fortalecer al emperador, como representante en la Tierra de ese dios. Además, los emperadores podían beneficiarse mucho de la colaboración de la Iglesia, que para entonces se había convertido en una organización muy poderosa. Así que a partir de Constantino (306-337) los emperadores se hicieron cristianos y poco a poco el politeísmo fue desplazado por el cristianismo, que acabó convirtiéndose en la religión oficial del Imperio.
Mientras eso ocurría, el Imperio Romano se iba debilitando. Se hizo cada vez más frecuente que varios emperadores se dividieran el gobierno del Imperio, que resultaba cada vez más complicado. En el 395 Teodosio dividió definitivamente el imperio en dos partes: el Imperio Romano de Occidente , desde Italia hacia el Oeste, y el Imperio Romano de Oriente, que abarcaba las regiones al este de Italia. Por otra parte, el Imperio estaba cada vez más presionado desde el exterior por nuevos poderes: en Oriente el Imperio Persa Sasánida; en el norte los pueblos germanos. Necesitados de soldados, los romanos permitieron asentarse en el Imperio a muchos de estos pueblos germanos a cambio de que colaboraran en su defensa.
![]() |
| Modificación propia de imagen de Novarte en Wikimedia Commons. Licencia CC. |
![]() |
||
| Modificación propia de imagen de Geraki y MapMaster en Wikimedia Commons. Licencia CC. |
A lo largo del siglo V varias oleadas de pueblos procedentes del norte de Europa, la mayoría germánicos, invadieron el imperio presionados por los hunos, procedentes de las estepas asiáticas. Poco a poco, el Imperio Romano de Occidente fue siendo dominado de hecho por reyes germánicos asentados en sus territorios. La situación se hizo oficial en el 476, cuando fue depuesto el último de los emperadores romanos de Occidente. El Imperio Romano de Occidente había caído y en Europa empezaba la Edad Media.
Pero en Oriente las cosas fueron muy diferentes. El Imperio Romano de Oriente resistió 1000 años más. En vez de desaparecer, fue evolucionando con el tiempo. El griego se convirtió de forma natural en la lengua oficial del Imperio. Su capital era Constantinopla, la actual Estambul, una ciudad construida en el Bósforo, que es el estrecho por el que el Mar Negro sale al Mediterráneo. Así que se trata de una ciudad a caballo entre Europa y Asia, como era el imperio que gobernaba. Constantinopla se llamaba así por el emperador Constantino, pero antes se había llamado Bizancio. Por eso el Imperio Romano de Oriente comenzó a ser conocido como Imperio Bizantino o simplemente Bizancio.
En los primeros siglos del Imperio Bizantino la vida urbana siguió floreciendo y el Estado siguió siendo un importante motor de la vida económica. El resultado es que se mantuvo una economía muy desarrollada. Gracias a eso las artes y la cultura encontraban ricos protectores y clientes dispuestos a financiarlas.
Los bizantinos eran cristianos y durante siglos reconocieron la primacía del Papa de Roma sobre toda la Iglesia cristiana. Pero el cristianismo era más antiguo en los territorios bizantinos que en Europa y había desarrollado tradiciones diferentes. Su principal autoridad eran los patriarcas, de los que el más importante era el Patriarca de Constantinopla. Con el tiempo la Iglesia de Oriente se fue alejando de la de Occidente hasta que en el siglo XI ambas rompieron. Desde entonces la Iglesia cristiana se dividió en dos: la Iglesia católica, que obedecía al Papa de Roma, y la Iglesia ortodoxa, cuya máxima autoridad era el Patriarca de Constantinopla. Como en Occidente, la Iglesia tenía una gran influencia y un gran poder político en Bizancio. Las disputas religiosas dentro de la Iglesia eran muy importantes y acabaron provocando importantes conflictos políticos.
Podemos distinguir varias fases en el Imperio Bizantino:
![]() |
||
| El Imperio Bizantino durante su máxima expansión, a la muerte de Justiniano (565). Modificación propia de imagen de Neuceu en Wikimedia Commons. Licencia CC. |
1) Justiniano I (527-565) trató de restaurar la grandeza del antiguo Imperio Romano. Recuperó numerosos territorios del antiguo Imperio Romano de Occidente: Italia, el norte de África, las islas del Mediterráneo central y el sudeste de la Península Ibérica. Recopiló las principales leyes y debates jurídicos del Imperio Romano, lo que permitió transmitir a la posteridad buena parte de lo que sabemos del Derecho Romano. Mando construir edificios monumentales, como la iglesia de Santa Sofía en Constantinopla.
2) Entre los siglos VII y VIII el Imperio atravesó grandes dificultades. Las continuas guerras contra los persas sasánidas debilitaron a Bizancio, lo que fue aprovechado por los árabes para quitarle en el siglo VII sus territorios meridionales. Además, las disputas religiosas provocaron auténticas guerras civiles. La más importante de estas fue la disputa entre los iconoclastas, que rechazaban el uso de imágenes religiosas (iconos) porque lo consideraban idolatría, y los iconódulos, que consideraban que las imágenes permitían acercar a los fieles a Dios.
3) A partir del siglo IX Bizancio comenzó un nuevo período de esplendor, que culminaría en la Plena Edad Media (XI-XIII).
4) Durante la Baja Edad Media (XIV-XV), el Imperio Bizantino entró en un período de declive, sometido a la creciente competencia de la República de Venecia, los estados cruzados y los turcos.
Finalmente, en 1453 Constantinopla cayó en manos de los turcos otomanos. El Imperio Bizantino había terminado. Sin embargo su herencia tuvo un gran impacto sobre el arte occidental. Sin ella es difícil entender el Renacimiento.
Obra publicada con Licencia Creative Commons Reconocimiento No comercial Compartir igual 4.0






