La Guerra de Independencia fue algo mucho más complejo que una guerra territorial entre dos países. En primer lugar, la guerra no enfrentaba oficialmente a España y Francia, que teóricamente eran aliadas, sino a ambos países contra una amplia sublevación popular. En segundo lugar, la Guerra de Independencia no fue sólo un conflicto local, sino una pieza más en un gran conflicto europeo: las guerras napoleónicas. Eso explica la intervención en la guerra del ejército británico, que colaboró en la expulsión de los franceses.
Pero, sobre todo, la Guerra de Independencia se convirtió en una auténtica guerra civil entre españoles.
Por un lado se encontraban los españoles que decidieron colaborar con José I. Sus adversarios les dieron el apodo de afrancesados.
- En este bando se alinearon muchos absolutistas, entre ellos buena parte de las autoridades oficiales y una parte del ejército, que consideraban a José I una garantía de orden contra los levantamientos populares que se estaban produciendo. Hay que tener en cuenta que según la lógica del Antiguo Régimen José I era ahora el rey legítimo.
- Pero también muchos ilustrados españoles, así como simpatizantes de los principios revolucionarios franceses, apoyaron a José I porque veían en él la mejor posibilidad para modernizar el país. Así, por ejemplo, José I Bonaparte promulgó el Estatuto de Bayona, una carta otorgada (es decir, una norma de tipo constitucional pero que no es fruto de la soberanía nacional, sino de la concesión graciosa de un rey) en la que, por primera vez en España, el rey se comprometía a respetar ciertos derechos individuales y políticos.
![]() |
|
Caricatura de José I Bonaparte, apodado "Pepe Botella" por los patriotas. El pepino es alusión al diminutivo de José en Italia, donde había gobernado antes de venir a España. |
En el otro bando estaban los defensores de la expulsión de los franceses, que se denominaron a sí mismos patriotas. Todos defendían el regreso al trono de Fernando VII. Pero entre ellos existían tantas diferencias internas como entre los afrancesados:
- Muchos patriotas eran absolutistas y católicos, que se oponían a los ideales revolucionarios que representaba Napoleón. Lo curioso es que para defender la tradición se vieron obligados a plantear algo radicalmente nuevo. En vez de aceptar la legitimidad absolutista de un cambio de dinastía (como habían aceptado sus antepasados en 1700) decidieron que un rey francés no podía gobernar España y que en ausencia del Rey legítimo la Nación debía retomar el poder.
- Por otra parte, había también entre los patriotas muchos ilustrados y simpatizantes de la Revolución Francesa, que, precisamente por seguir los principios revolucionarios franceses, consideraban que ninguna potencia extranjera tenía derecho a aplastar la voluntad de una Nación soberana. Para ellos, la expulsión de los franceses y el retorno de Fernando VII no debían convertirse en un mero pretexto para volver al pasado. Ahora que la Nación española había recuperado su soberanía, era preciso que ella misma, a través de sus representantes, estableciera una forma de gobernar capaz de garantizar su libertad: una forma de gobernar curiosamente inspirada en la francesa.
Como resultado, el concepto de Nación Española nace ahora como concepto político. Significa que España no es simplemente el dominio de un rey, que éste puede ceder o dividir. España es el conjunto de los españoles, que tienen derecho a decidir frente a otras naciones quién y cómo debe gobernarles.



