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2. La Guerra de Independencia (1808-1813)

La Guerra de Independencia fue algo mucho más complejo que una guerra territorial entre dos países. En primer lugar, la guerra no enfrentaba oficialmente a España y Francia, que teóricamente eran aliadas, sino a ambos países contra una amplia sublevación popular. En segundo lugar, la Guerra de Independencia no fue sólo un conflicto local, sino una pieza más en un gran conflicto europeo: las guerras napoleónicas. Eso explica la intervención en la guerra del ejército británico, que colaboró en la expulsión de los franceses.

Pero, sobre todo, la Guerra de Independencia se convirtió en una auténtica guerra civil entre españoles.

Por un lado se encontraban los españoles que decidieron colaborar con José I. Sus adversarios les dieron el apodo de afrancesados.

  • En este bando se alinearon muchos absolutistas, entre ellos buena parte de las autoridades oficiales y una parte del ejército, que consideraban a José I una garantía de orden contra los levantamientos populares que se estaban produciendo. Hay que tener en cuenta que según la lógica del Antiguo Régimen José I era ahora el rey legítimo.
  • Pero también muchos ilustrados españoles, así como simpatizantes de los principios revolucionarios franceses, apoyaron a José I porque veían en él la mejor posibilidad para modernizar el país. Así, por ejemplo, José I Bonaparte promulgó el Estatuto de Bayona, una carta otorgada (es decir, una norma de tipo constitucional pero que no es fruto de la soberanía nacional, sino de la concesión graciosa de un rey) en la que, por primera vez en España, el rey se comprometía a respetar ciertos derechos individuales y políticos.
Caricatura de José I Bonaparte

Caricatura de José I Bonaparte, apodado "Pepe Botella" por los patriotas. El pepino es alusión al diminutivo de José en Italia, donde había gobernado antes de venir a España.
Estampa de la época

Imagen en Biblioteca Digital Hispana. Licencia CC.

En el otro bando estaban los defensores de la expulsión de los franceses, que se denominaron a sí mismos patriotas. Todos defendían el regreso al trono de Fernando VII. Pero entre ellos existían tantas diferencias internas como entre los afrancesados:

  • Muchos patriotas eran absolutistas y católicos, que se oponían a los ideales revolucionarios que representaba Napoleón. Lo curioso es que para defender la tradición se vieron obligados a plantear algo radicalmente nuevo. En vez de aceptar la legitimidad absolutista de un cambio de dinastía (como habían aceptado sus antepasados en 1700) decidieron que un rey francés no podía gobernar España y que en ausencia del Rey legítimo la Nación debía retomar el poder.
  • Por otra parte, había también entre los patriotas muchos ilustrados y simpatizantes de la Revolución Francesa, que, precisamente por seguir los principios revolucionarios franceses, consideraban que ninguna potencia extranjera tenía derecho a aplastar la voluntad de una Nación soberana. Para ellos, la expulsión de los franceses y el retorno de Fernando VII no debían convertirse en un mero pretexto para volver al pasado. Ahora que la Nación española había recuperado su soberanía, era preciso que ella misma, a través de sus representantes, estableciera una forma de gobernar capaz de garantizar su libertad: una forma de gobernar curiosamente inspirada en la francesa.

Como resultado, el concepto de Nación Española nace ahora como concepto político. Significa que España no es simplemente el dominio de un rey, que éste puede ceder o dividir. España es el conjunto de los españoles, que tienen derecho a decidir frente a otras naciones quién y cómo debe gobernarles.

Goya, estampa de los Desastres de la Guerra
Francisco de Goya, ¡Grande hazaña! ¡Con muertos!. Estampa nº 39 de "Los Desastres de la Guerra" (1810-1815. Museo Nacional del Prado)
En su serie de grabados "Los Desastres de la Guerra" Goya representó con extrema crudeza el sufrimiento provocado por la Guerra de Independencia, reflejando por igual las crueldades cometidas por ambos bandos.
Imagen de Museo Nacional del Prado. Autorización de uso educativo.

Con el bando de los patriotas se alinearon muchos cuerpos del ejército español y algunas autoridades oficiales, pero en su mayoría la resistencia antifrancesa partió de movimientos nacidos a nivel municipal. Los distintos grupos locales crearon milicias (es decir, tropas de voluntarios que no pertenecen al ejército) que actuaron con bastante independencia unas de otras. A lo largo de la guerra estas milicias populares vieron que era poco realista realizar ataques directos contra el ejército enemigo y adoptaron como táctica la guerra de guerrillas, una guerra irregular basada en grupos reducidos que realizan ataques por sorpresa aprovechando su conocimiento del terreno y el apoyo de la población local.

De esa forma la situación se hizo muy confusa. El país había quedado sumido en un vacío de poder. Carentes de una dirección, los grupos rebeldes se organizaron en Juntas locales y provinciales. La necesidad de coordinar la guerra hizo que poco a poco estas Juntas aceptaran la dirección de una Junta Suprema Central, que sin embargo siempre lo tuvo muy difícil a la hora de imponer su autoridad sobre las Juntas provinciales.

La evolución de la Guerra de Independencia puede dividirse en tres fases:

  1. Éxitos iniciales de los patriotas (junio-noviembre de 1808). En esta primera fase los ejércitos y ciudades sublevados consiguieron hacer retroceder a los franceses hasta el norte del Ebro, gracias a éxitos como la Batalla de Bailén, en la que las tropas francesas fueron expulsadas de Andalucía por las tropas rebeldes españolas, o la resistencia de Zaragoza al asedio francés. El desembarco del ejército inglés en Portugal contribuyó a debilitar a Francia.
  2. Avance de la Grande Armée (diciembre de 1808-febrero de 1812). Ante los reveses franceses, el propio Napoleón decidió entrar personalmente en España al mando de un gran ejército. La resistencia española e inglesa fue arrollada en batallas como el segundo sitio de Zaragoza, Uclés u Ocaña. Casi toda España, salvo parte de Galicia, Cádiz, las islas y las posesiones americanas, cayeron bajo el dominio francés. Cataluña llegó a ser anexionada directamente al Imperio Francés. La Junta Central acabó teniendo que refugiarse en Cádiz, fácil de defender por su topografía y la proximidad inglesa.
  3. Retirada final de Napoleón (febrero de 1812-diciembre de 1813). Aprovechando las dificultades que Napoleón estaba atravesando en Rusia, los aliados ingleses y españoles realizaron una importante contraofensiva, obteniendo una gran victoria en la Batalla de Arapiles. A partir de 1813 el retroceso francés se hizo cada vez más claro. Tras la batalla de Vitoria las tropas francesas abandonaron España, siendo perseguidas en territorio francés por los aliados británicos y españoles. Por el Tratado de Valençay (11 de diciembre de 1813) Napoleón firmó la paz y aceptó el retorno al trono de Fernando VII.
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La guerra de independencia entre 1808 y 1812
Imagen en Wikimedia Commons de NACLE. Licencia CC.
La guerra de independencia a partir de 1812
Imagen en Wikimedia Commons de NACLE. Licencia CC.