PASEO POR LA SEVILLA ROMANA

Por la profesora Luisa Ramos

 

 

 

            El viernes, 23 de noviembre, todos los alumnos del Bachillerato de Humanidades del Diurno (o sea, 26), acompañados de tres compañeras del Nocturno, y dos profesoras (Luisa Ramos del Dpto. de Latín e Isabel Torres del de Geografía e Historia) nos dimos un paseo por el centro de Sevilla, disfrutando de una mañana espléndida, gracias al apacible clima otoñal de nuestra ciudad.

 

Para la mayoría supuso una sorpresa: eso de vivir en Tomares a veces te hace un poco perezoso para adentrarte en los vericuetos de Sevilla, más aún en esa zona (la más antigua, según descubrimos), donde la movida no se “mueve” y que además te exige un largo paseo desde Plaza de Armas (de ida y de vuelta).

        

 

No obstante, el día anterior ya habíamos realizado el recorrido virtual gracias a nuestras aulas TIC, a la página web correspondiente y al itinerario previamente diseñado: algunos de nuestros extranjeros se perdieron en el recorrido virtual… sin comentarios. Lo malo fue que algunos de los españoles también.

 

            El comienzo, por tanto, no era demasiado tranquilizador; así que bien pertrechados de nuestros móviles, el listado de los números de todos, el itinerario calle por calle y nuestro bonobús, a las 8.40 cogimos el autobús de línea en la esquina del instituto.

 

           

            Nuestro objetivo no era demasiado ambicioso: se trataba de establecer y recorrer los límites de la primera ciudad romana que tuvo como nombre Hispalis, desde la antigua Spal turdetana, visitar los escasos vestigios de la época que quedan en su emplazamiento y, de paso, ampliar nuestro conocimiento en general de la historia de Sevilla.

Y en esta tarea todo el mundo colaboró: los “capillitas” siempre guiando, en cabeza, puesto que eran los únicos que se conocían la ruta, naturalmente por otros menesteres; los alumnos que habían cursado Cultura Clásica en 4º instruyéndonos sobre mitos variados; los alumnos de Historia de Arte de 2º, aclarándonos los pormenores arquitectónicos del Palacio de la Condesa de Lebrija; las profes, en lo suyo, o sea, explicando, aclarando, recogiendo a los rezagados… y cada uno preguntando y contando sobre anécdotas y leyendas varias que había oído alguna vez .

 

El recorrido comenzó por una pequeña reseña histórica en los nuevos bancos de la Puerta Jerez, para lo que partimos de los versos que resumen la historia remota de la ciudad, situados en la esquina donde desemboca la Avenida de la Constitución:

 

 

 

 

 

 

 

 

                                                             Hércules me edificó                              

Julio César me cercó                                                

De muros y torres altas                                              

                    Y el  rey santo me ganó                                                                    

Con Garci Pérez de Vargas                                               

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Así  pasamos de Hispalis a Isbiliya, Isbilia, Sivilia, Sevilla en unos minutos, contando incluso con el entusiasmo de parte del público de alrededor que se sintió inspirado para cantarnos aquello de “Sevilla tiene un color especiaaaaaaal…”

 

A continuación los datos sobre los detalles de ubicación, diseño e infraestructuras de las ciudades romanas en general y de la Colonia Iulia Romula Hispalis en particular: limitada por un lado por un brazo secundario del río Betis, que transcurría por Calatrava, Alameda de Hércules, Trajano, Tetuán, Plaza Nueva y se unía al río más allá del Arenal, y por otro, por el arroyo Tagarete que circulaba por la calle San Fernando, el Prado, San Bernardo, la Calzada (cruzaba Eduardo Dato y Luis Montoto) y calle Arroyo.

 

Tras situar las construcciones públicas del exterior de la muralla: necrópolis en el Prado y la Universidad, circo (o anfiteatro) al final de la Avenida de la Cruz Roja, etc. e informarnos sobre las buenas condiciones de ubicación de Hispalis: sitio elevado para evitar inundaciones y para evacuación de aguas residuales, cercana a un río, con condiciones climáticas adecuadas a la agricultura, bien orientada respecto a los vientos, etc… nos encaminamos a la ciudad en sí, a la ciudad de época republicana (conquistada para Roma por Escipión Africano en el 206 a.C.) en su primer amurallamiento, con el objetivo de localizar sus dimensiones, sus ejes principales (cardo maximus y decumanus) y su foro o plaza pública.

 

Comenzábamos un recorrido de siete siglos de permanencia romana (desde 206 a.C. hasta 426 d.C.), para el que la imaginación y nuestra fe en el progreso humano tuvieron que estar presentes… pero la ciudad merecía la pena.

 

 

En la Plaza del Triunfo y en la de la Virgen de los Reyes ya nos enteramos de suculentas historias de otros tiempos sevillanos… pero ¡atención!, entramos por Placentines y en el cruce de Francos con Pajaritos, nueva parada: puerta oeste de la muralla; seguimos por Cuesta del Rosario y  ya íbamos notando suavemente la pendiente, cuando de nuevo paramos en la que fue la puerta norte (confluencia de Augusto Plasencia con cabeza del Rey Don Pedro, Corral del Rey, Candilejo y Almirante Hoyos… ¡qué historia nos contaron allí sobre los nombres de esas calles!); seguimos nuestro recorrido por Muñoz y Pabón y Federico Rubio y en su confluencia con Madre de Dios, Aire, Fabiola y Mateos Gago, ahí precisamente estuvo la puerta este. Ya sólo nos quedaba localizar la puerta sur para terminar el cerco… ¡y ahí estaba, en el cruce de Mateos Gago con Abades.

                                                               

Si el circuito había terminado, ¿qué faltaba aún? Nuestras profes lo desvelaron rápidamente: vamos a entrar por el cardo maximus (Abades, Corral del Rey) en su extremo sur, para recorrerlo entero hasta el norte y pasar por el primer foro cívico de Hispalis, la zona más alta de la ciudad, a unos 15 metros sobre el nivel del mar y donde descubrimos el único vestigio de la época: tres columnas monumentales en la calle Mármoles (el nombre procede de ellas), restos de seis de un templo que debió existir en el foro, situado (como es habitual) en el cruce entre el cardo maximus y el decumanus (Madre de Dios, Aire, Bamberg y Pajaritos). Por cierto, nos enteramos de que las otras dos están en la Alameda con las estatuas de Hércules y Julio César encima y la última se rompió en el traslado.

 

 

                                                                                    

Tras el laberíntico y, en ocasiones, peligroso itinerario (tráfico imposible e impensable por el centro de Sevilla), en el que además pudimos ver y enterarnos de lo que eran los guardacantones, observar un trozo de lienzo de muralla, descubrir unos modernos Baños Árabes en la calle Aire y muchas cosas más, nos encaminamos a la plaza de la Alfalfa, fuera del cerco inicial, nuevo foro en la ampliación de la ciudad, ya en época imperial, y de ahí directamente a la Plaza del Salvador, donde posiblemente se situaría la sede de la Curia en esa misma época. Era el momento de  nueva información sobre más amurallamientos, ampliación del Cardo, Decumanus secundarios, etc.           

 

 

Afortunadamente habíamos hecho un descanso en la Alfalfa, lo que nos permitió acoger con entusiasmo la sorpresa que aún nos aguardaba: el Palacio de la Condesa de Lebrija en la calle Cuna.

 

 

 

Visitamos la planta baja: era increíble la cantidad de piezas de todo tipo tanto de época romana como de objetos personales de la familia, que allí descubrimos: la mayoría en buen estado de conservación, pero amontonadas en vitrinas y apenas sin identificación. Llamaron nuestra atención especialmente los numerosos mosaicos y, sobre todo, el del patio central con el tema de Los amores de Zeus.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Y a las 13:30, entretenidos entre lecciones de arte y relatos de mitología nos avisaron de la hora del cierre. ¡Bien, mereció la pena!. Y corriendo, de nuevo a Plaza de Armas para coger el autobús de las 14:00… Objetivo cumplido. Llegamos a casa contentos y con la curiosidad satisfecha, aunque no tanto como para no continuar por nuestra cuenta y en otro momento otro paseo paralelo que nos vaya desvelando los misterios y encantos de nuestra ciudad milenaria. Ave Caesar! Et vale!