EXCURSIÓN A MULVA-MUNIGUA Y CARMONA

Por Carmen Rueda de 1º de Bachillerato

 

            Mañana del 15 de febrero de 2008. Nos disponemos a salir a las 9:15.El viaje en autobús bien…hasta que nos adentramos en el camino hacia el apeadero de Arenillas (punto donde nos dejaba el autobús) a 3 kms. de  Mulva...” ¡Por favor!¡ Que alguien nos deje una mascarilla!” Sobre todo a los de la parte de atrás…El polvo del camino no nos dejaba respirar : fueron 5 larguísimos y asfixiantes kms.

           

            Ya estamos fuera del autobús. Siguiendo a los profesores,  llegamos al lugar donde se situaban las ruinas, no sin antes “escapar” de una manada de bovinos (toros, vacas y algún buey) que se interpusieron en nuestro camino y a los que nuestro profesor con su paso decidido espantó en un momento. Ahora venían los resbalones por el sendero arenoso (arroyo seco incluido) que nos conducía a unas ruinas colocadas en lo más alto del paisaje con una clara función de vigilancia tiempos atrás, concretamente desde el siglo I  (época de Augusto) hasta el V o VI de nuestra era, aunque ya había un asentamiento prerromano desde el IV a.C.

 

 

  

 

            Siguiendo al guía pudimos ver las antiguas termas públicas conservadas bajo una gran estructura metálica. Vimos también las bases (lo único que quedaba) de 20 casas allí construidas de piedra y adobe en la parte mas baja de toda la ciudad, que abarcaba 3 niveles. Dentro de ellas pudimos ver cómo era de grande cada habitáculo y contemplamos algunos instrumentos de trabajo como un molino de cereales.

 

 

           

            Visitamos los hornos de las termas, formados por arcos y techos abovedados que conservaban el calor mientras atendíamos a las explicaciones de nuestro guía.

            En el 2º nivel se divisaba una bonita construcción muy típica romana. Se trataba de un santuario al Dios Mercurio. El guía también nos enseñó unas escaleras muy bien estructuradas y trabajadas con bloques enterizos de piedra entre otras cosas.

            Llegamos al 3º nivel. Desde allí se podía contemplar todo lo que formaba parte de la ciudad, rodeada en la parte superior de un gran muro de piedra. Allí se encontraba también un lugar especial: la basílica con función judicial que tiempos anteriores había estado recubierta de grandes bloques de mármol.

            Por ultimo el guía nos contó algunas anécdotas como que se había encontrado un cuerpo atrapado debajo de una columna cuando se descubrió el lugar, una gran base de piedra con 4 agujeros que se creen correspondientes a una estatua ecuestre en los cuales se encontraban las patas del caballo, o el descubrimiento también de una cabeza sepultada entre los escombros del yacimiento.

 

 

 

 

            Tras la visita y ya con una hambre canina, pusimos rumbo a Carmona, a 26 kms. Allí, tras un rato libre para comer, nos dirigimos hacia la necrópolis romana. Pero antes aprovechamos para visitar el mosaico que se había descubierto unos días antes de nuestra llegada bajo una de las calles céntricas de Carmona, y que representaba al dios Vertumno, el cual fuimos a ver con mucha curiosidad de camino al cementerio romano. Era una ocasión única pues ya lo estaban preparando para llevárselo al museo.

           

             En  primer lugar visitamos el pequeño museo localizado dentro de la necrópolis, donde se mostraban objetos de valor encontrados en las tumbas o en sus alrededores junto a numerosas esculturas, entre la que destacaba la de Servilia, cuya tumba era la más sorprendente de todas, tanto por su complejidad arquitectónica como por su cuidada decoración escultórica y pictórica.

            Vimos la Tumba del Elefante pero no pudimos entrar. Llamada así por la figura de piedra encontrada en su interior que representaba a este animal. Observamos también las numerosas tumbas bajo tierra a las que se accedía mediante unas estrechísimas escaleras de tierra. En su interior se hallaban jarrones funerarios con las cenizas de nuestros posibles antepasados.

 

           

       Contemplamos también la tumba de Postumio, donde se conservan un altar y restos de hermosos frescos.

 

       Justo enfrente de la necrópolis se encuentra un gran anfiteatro el cual todavía no se ha terminado de excavar.

           

            A las 18:30, ya cansados, comenzamos el viaje hacia Tomares, después de un largo día perdidos y encantados entre la cultura y la vida romana.