LA NOCHE DE TODAS MIS NOCHES
“Pues claro que bebo para emborracharme. ¿Para qué voy a beber si no?”
Iain Banks, La fábrica de avispas
Llego algo más tarde de lo acordado, pero sé que no se han movido de la placita. Es que tuve que ir a comprarme una navaja nueva. Se lo dije a mi madre. Dime si me la has cogido tú, que no la encuentro. Ella lo negó, pero me preguntó que para qué quería llevar yo eso encima. Por lo que pueda pasar. Bueno, y para cortar el tema, aunque eso, claro está, no lo dije. Así que he tenido que comprarme otra. Cuando llego a la placita ya están todos allí. Manu lleva una bolsa del Mercadona: Whisky y limón, pero ni vasos ni hielo… Yo esta noche tengo pensado ir a base de polen solamente. Los demás van a privar del whisky, menos Quique, supongo, que va igual que yo porque sólo bebe sangre de Cristo y muy de vez en cuando. Laura dice que hoy pota. Tampoco es que le vaya a costar mucho trabajo, pero no le digo nada porque parece muy ilusionada con la idea.
Yo me quiero cargar un peta ya, pero los demás se quejan de que vamos a perder el autobús, así que me lo voy haciendo por el camino y me lo guardo al terminar. Quique tira en coche: Desde que se sacó el carné está que no caga con el R5 de los cojones. Con él se van Noni y Bea. Los demás (Rafa, Elena, Manu, el Mena, Laura y yo) esperamos unos minutos. Yo, aburrido, enciendo el peta. Illo, illo, cóscate. Los monos pasan por delante nuestra. Escondo el porro tras mi espalda. Pasan de largo. Putos titiviris. Le estoy dando una calada que me sienta como Dios cuando veo el bus bajando la esquina y tengo que apagarlo. Durante el camino hasta Plaza de Armas bromeamos sobre el último pedo de Laura. A ver si esta noche te cortas un poquito más, eh, que la última vez menos mal que estabas con nosotros. A la hipa le dio por quitarse toda la ropa menos las bragas e iba por ahí tapándose las tetas con los brazos y bailando los videoclips que ponían en Canal 2 Andalucía. Nosotros le decíamos que si no tenía ganas de estirarse un poquito, pero no hubo manera de que los levantase. Ahora bien, cayeron unas fotos de lo más amenas (no hace falta decir que una ha ido a parar al fotolog de Rafa, aunque tuvo la consideración de taparle la cara y todo, por aquello de que es menor). ¡Después dice que controla perfectamente!
Hacemos el camino de Plaza de Armas a la Alfalfa a patas, pero con la parada obligatoria en el Museo para necesidades varias: Yo sigo con mi peta, Manu se hace otro, Laura se echa un chupitazo, y Rafa un buen cubata de los suyos tras aprovisionarse de hielo y vasos. Estamos en el Museo alrededor de cuarenta minutos, tiempo más que suficiente para que Laura se sirva otro chupito y Manu, que es quien ha apoquinado el whisky, se ponga su primer cubata de la noche.
Esta noche el Mena ni bebe ni fuma. Una pena, porque se pone graciosísimo fumando: Le da dos caladas a un porro y ya está to´ morao. Pero yo no dejaría que se enganchase como lo estamos Manu y yo… Eso nunca. Es muy curioso lo del Mena… Muchas veces me han dicho que yo tengo la culpa de que Manu, Quique y Rafa empezasen a fumar. Porque fui yo quien trajo la novedad del polen, digamos, al interior de nuestro grupo. Pero siempre que me dicen eso, yo contesto: No te equivoques. Mirad al Mena. Él siempre fue nuestro amigo, y sin embargo no fuma. No, señores. El peta no te lo pone nadie en la boca. Eres tú quien te lo plantas a ti mismo en los labios, y es tu responsabilidad. Yo… No sé, empecé hace unos años, en el tuto, fumaba a veces. No sé cómo fui fumando más y ahora no hay quien me quite mis cinco pavitos en tema diarios. Bueno, que eso va por rachas, pero por poner una cifra.
Yo disfruto de mi morado y observo a Rafa, que coge a Laura por los pies mientras esta chilla diciendo que todo le da vueltas. Elena la defiende hasta que Rafa la deposita en el suelo y Laura puede volver arrastrándose hasta Manu y yo, que le ofrecemos una fumadita. Pero la rechaza orgullosa, diciéndonos que ella no fuma y que estamos muy equivocados si pensamos que porque esté algo achispada va a aceptar una calada. La droga es mala, asegura muy convencida. Será mala, pero hay que ver lo que cuesta llevar adelante una noche de viernes sin nada… Entonces la llama Quique.
Para cuando ya estaba entonada me llamó Quique:
- ¿Dónde estáis, cojones?
- Jajajaja… ¡Hola, Quique!-al emborracharme paso por muchas fases, me encontraba en una fase infantil-cariñosa, y durante todo el ciego suelo poner una voz como muy falsa… Como de niña pequeña, y una risa falsa también, como si me riese sin ganas, aunque es todo lo contrario-. ¿Por qué me hablas así, Quique?
- Que no te hablo de ninguna manera, que dónde estáis…
- En el Museo… Ey, Quique, adivina qué. ¡He visto a un heavy con los ojos pintados! Jajajaja.
- ¿En el Museo todavía, leche?
- Tíoo… Verás, es que… Es que… Es que…
- Venga, venga, no te me pongas nerviosa- soy famosa por los tartamudeos que me entran a veces-. A ver, pásame a Rafa.
- ¡No! ¡No! ¡Yo se lo digo! ¿Qué es lo que quieres?
- ¡Pues que tiréis ya pa´ l´Alfalfa, hostia!
- Es que Jesús y Manu se querían echar un peta… ¡Y yo he bebido whisky del de Manu!
- Bueno, pos dile a esta gente que a ver si vais tirando ya, coño, que nosotros estamos to´aburríos.
- Vale, vale… Yo se lo digo. ¡Adiós!
- Adiós, hija, adiós…
Al colgar, Laura gritó (bueno, la verdad es que para no gritar tenía que hacer un esfuerzo, hay que ver lo que son dos chupitos de whisky en algunas personas):
- ¡Illo, illo, que dice Quique que tiremos ya pa´ l´Alfalfa, que s´aburren!
Lentamente nos ponemos en marcha.
Yo nunca entenderé esto de las drogas… ¡Es que es increíble! Una vez le pregunté a Jesús si podía estar un día sin fumar. Él me dijo que sí, que un día normal sí, pero que no varios seguidos (y aquí hemos de recordar la famosa semana en que dejó de fumar durante cinco días y soñó que iba a pillar al Polígono), ni mucho menos una noche de fiesta, que, sin polen, “se hace dura”. Pero Laura le preguntó otro día si le habría gustado no haber fumado nunca, y dijo, sin dudar un momento, que sí, que si pudiese volver atrás sabiendo lo que hay, ni tabaco ni mucho menos porros. Y sin embargo aquí lo tenemos al chiquillo, más ciego que el de los cupones, riéndose de cualquier cosa.
Nos paramos a la mitad del camino hasta San Pedro. Manu y Jesús hacen una mini candelita con un trozo de plástico que se han encontrado por ahí. Ahora Rafa juega a asustar a Laura con el mechero. Ella chilla, histérica, y él ríe. Yo le riño y distraigo su atención. Nos besamos, lo cual nos beneficia a todos: A Rafa, a mí e incluso a Laura.
En cuanto llegamos a la Alfalfa, Laura insiste en que la acompañe a La Rebotica a por un chupito de absenta. Sólo si me invitas a otro. Vale, tío, pero vamos ya. Jesús nos acompaña. Dice que un chupito de absenta siempre ameniza la velada, y que presiente que hoy se pondrá potón. Los dejo a los dos en la puerta del bar, que está abarrotado, y en unos minutos salgo con tres chupitos de absenta. Jesús se queja porque no traigo agua, le contesto que todavía no he aprendido a llevar vasos con la polla, hace una pausa y dice que no estaría nada mal, tras lo que se parte el culo. Laura también se ríe, pero le digo que si no se calla no le daré su chupito y obedece como un cachorrito. Ella es la primera. Ya ha tomado absenta otras veces, siempre conmigo, y siempre pasa lo mismo: Todo de un trago, pero el fuerte licor le corta la respiración unos veinte segundos, así que se pone a hacer aspavientos de todo tipo. Resulta bastante cómico. Allá va Jesús, que apenas si bebe alcohol, lo suyo es el polen. Él tampoco puede respirar, pero lo único que hace es inclinarse, apoyar las manos en las rodillas y agachar la cabeza. Mientras, Laura le chilla a un guiri (además chilla en inglés para que este la entienda, muy amable por su parte):
- Oh, my God! I can’t breath!
El guiri ríe y ahí voy yo. Siempre soporté bien el alcohol, a estas alturas debo de tener el hígado acorazado. Aunque hace un par de viernes me puse bastante potón. Laura me preguntó si me quería morir, y le contesté, sinceramente, que sí. La miro mientras Jesús continúa buscando su respiración perdida. Ella está pendiente de la peña de alrededor nuestra. Todos están murmurando. ¡Ah! ¡Es que Chaves se encuentra a unos metros de nosotros! Laura insiste en ir a saludarlo, así que la sigo. Cuando llego, ella ya se ha presentado dándole la mano y me presenta a mí:
- Y este es mi amigo Rafa- le tiendo la mano al presidente de mi comunidad autónoma.
- ¿De dónde sois?- nos pregunta educadamente uno de sus acompañantes.
- De Tomares-contesto yo.
- Por cierto- dice Laura sin que nadie la haya invitado a participar en nuestra conversación- que vaya cómo dan el mosqueo los locales de Tomares- el hombre sonríe y hace caso omiso de su comentario.
- Tomares… Antonia Hierro alcaldesa, ¿no?
- Sí- responde Laura muy espontánea- y vaya con la Antonia, eh. Vaya, vaya…
Le pedimos a Chaves que nos firme un par de autógrafos. Yo le tiendo el folleto del partido del Sevilla al que fui ayer, el único papel que llevo a mano y me firma encima del escudo (bético tenía que ser para cagarla como la caga) y a Laura le firma en el resguardo de la recarga del móvil. Nos despedimos todo lo educadamente que podemos (yo me estoy poniendo bastante tonto también) y volvemos con Jesús, que pudo recobrar la respiración, aunque sigue quejándose por lo del agua:
- Caramierda, es que tú no puedes esperar que yo me beba eso ahí a palo seco.
- Tío- sale Laura en mi defensa- pues es lo que yo hago, y mira que yo bebo menos que tú…
- No te equivoques, que tú te pillas un buen ciego to´ los findes.
- Sí, pero con mu poquito mu poquito arcó. ¡Ey! ¡Amo a canta, Rafa! ¡Arcó, arcó, hemos venío a emborracharnos, el resultao nos da iguá!
Canto con ella un par de veces la cancioncita. La verdad es que me estoy animando bastante. Ella le cuenta a Jesús la conversación con Chaves. Él se asombra:
- ¡De verdad le has dicho a Chaves que los monos dan el mosqueo en Tomares?
- Pos claro, tío…
- ¡Tú estás to´colgá!
Cuando Rafa, Laura y Jesús volvieron de La Rebotica, fuimos apalancarnos en nuestro rincón, ese que está pasando la esquina de La Nao, en la Plaza del Pan, eternamente en obras, con el suelo levantado y rodeada de vallas para que la gente no entre, y nos sentamos en el escalón del escaparate de una tienda de trajes de boda. Rafa le dijo a Laura que le regalaría el que estaba expuesto (nada más y nada menos que cinco mil eurazos) cuando ella se casase, pero ella dijo que no se casaría nunca.
Con tanto tardar en ir de Tomares a Plaza de Armas y de Plaza de Armas a la Alfalfa, a Noni, a Bea y a mí nos había dado tiempo de sobra para coger un buen morado. Un porro, y otro, y otro y le sonreíamos hasta a nuestra sombra. Teníamos los ojos ya como dos rendijas. Laura se sentó, me miró muy seria, yo le devolví una mirada grave, y los dos sonreíamos a la par:
- Vaya faritos, Quique. ¿Tú ves?
- Hombre, no mucho…- río incontroladamente.
Se vuelve hacia Jesús, que se lía un porro con tranquilidad.
- Illo, Jesús… Es que eres el maestro del peta… ¡Qué perfecto, tío, pero si no ves nada cómo coño puedes hacer eso, amo, es lo que yo me pregunto! Sabes, porque yo veo eso y digo: Coño, este tío es a los petas lo que Yoda a… a los miriclodianos… No… Mirididianos… ¡Noniii!
- ¿Queé quieres tú?
- ¿Cómo se llamaba la fuerza esa que tú usas pa´ que no te den cosquillas, que sale en la guerra de las galaxias, que es pa´ controlar la mente… Midiriclodianos… No…
- ¡No, hombre, no! Son los midiclorianos.
- ¡Eso! Bueno, pues… ¿Por dónde iba? ¡Ah, sí! Bueno, tío, que tú eres a los petas lo que Yoda a los midiclorianos.
Jesús sonríe y sacude la cabeza. Ha terminado. Enciende el porro y le da una calada. Se echa hacia atrás, apoyando la cabeza en el cristal del escaparate, cierra los ojos y expulsa el aire con lentitud. Sólo de verlo me dan ganas de hacerme otro, pero no tengo nada, así que se lo pido a Bea. Ella saca el tema de su cartera, y empieza a cortarme un porro, pero no ve muy bien, y está tardando demasiado. Me pone nervioso, así que se lo quito y continúo yo.
- Dame, hombre, que vamos a estar así hasta el año que viene.
- ¡Ey! ¡Podríamos hacer un submarino en tu coche!
- Tsss… Yo ahora no voy hasta mi coche, que está a un pateo y no estoy yo para grandes caminatas…
- Ey, y tú, Jesús, ¿cuándo te sacas el carné?- pregunta Laura.
- El día D- responde él con convicción.
- ¡Joé! ¡Lo sabía! ¡Es que yo no sé ni para qué te pregunto nada, si cuando estás morado sólo contestas cosas como el día D, la hora H, a la non hour and fifty…!- Jesús se parte el culo, pero Laura, ofendida, lo golpea en la rodilla, se levanta y se apoya en una de las vallas de la obra. Tienen bloques de cemento a los pies, así que pueden resistir su pequeño peso.
- ¡Ey, Laura! ¡Échate p´atrás, a ver qué pasa!- grita Rafa, y es secundado por Manu y Jesús, que lo corean.
Pero ella me mira a mí interrogante. Siempre lo hace cuando duda sobre algo que no sabe si estará bien. Yo creo que le impongo un poco (bueno, no, le impongo, ella misma me lo dice). Niego con la cabeza, pero los demás la animan, de modo que aparta la mirada de mí. Fuerza con su poco peso la valla hacia detrás y esta comienza a caer. Pero cuando ya se había inclinado decisivamente se detiene su caída. Es porque todas las vallas están unidas entre sí con alambres. Laura empuja, gesticula mucho por el esfuerzo, todos la alientan, y finalmente cae la valla. Pero tras esta se desploma la que estaba a su vera, y la siguiente y la siguiente hasta que todas las vallas de nuestro lado de la placita han ido al suelo movidas por un efecto dominó de grandes magnitudes. Ella ríe, satisfecha de haberlo logrado, y los demás la aplauden. De hecho, hasta los grupos de canis y greenpeaces que nos rodean la jalean, borrachos y felices. Intenta hacer una reverencia, pero se va para delante. Rafa la recoge y la sienta en el escaparate, junto a mí.
- ¿Qué? ¿Otro chupito, Laura?- le ofrece Noni, pero ella lo rechaza con un sonido que viene a significar algo así como no, mejor no.
- Illa, Laura, tú mejor no bebas más…- le dice el Mena, siempre preocupándose.
- Ay que ver, eh, Laura, menos mal que te he dicho que no…
- Ay, tío, déjame, no seas pesado…
- No, tía, pesado no, pero es que has tirao todas las vallas, eh. Es que tú vas siempre pensando en el desfase, y así no puede ser, sabes. Que es que no es bueno desfasarlo por sistema. Un día así, porque te apetece, pues vale. Yo, por ejemplo, el día que lo desfaso, lo desfaso pero bien. Pero salir ahí ya todos los días pensando en desfasarlo… No, tía, eso no.
- Tíoo… Que yo no salgo todos los días pensando en desfasarlo, si es que no sé, se me ha ocurrido…
- ¡No! ¿Y lo de los contenedores en Navidad?
- ¡Uy! ¡Pero si desde Navidad ya no quemo nada!- la miro gravemente. Ella no puede con el ciego que lleva encima, y yo tampoco, la verdad. Nos sonreímos. Ella se inclina sobre mí (le pesa todo el cuerpo), y me abraza. Me da un beso, cariñosa, y me dice que soy muy buena gente, tras lo que se ríe.
- No, porque llenó la hijaputa el cupo pa´l año entero…- interviene Noni.
- Qué dices, tía. Qué culpa tengo yo de que se me fuese un poco de las manos, sabes, es que yo, yo no soy de la serie Capitán Planeta… Oh, qué serie – y canta:- “¡Capitán Planeta es nuestro héroe!” Bueno, tía que yo no soy la diosa del fuego ni polladas, sabes, que es que, coño, yo ahí venga a echar alcohol y prender, echar alcohol y prender, y esconderme, y el fuego nada, que no tira en condi, pues nada, a la vez número mil quinientos setenta y seis, pues los contenedores arden. Y de repente, pues las llamas hasta el cielo, y ardiendo el coche de al lado… Qué después de todo estaba para tirarlo el coche, y estará algo asegurao, digo yo…
- Sí, con medio coche quemado es muy útil que te pongan unas lunas nuevas…
- Coño, pues haberlo puesto a todo riesgo, que es que la gente… Mira que aparcar al lado de un contenedor, yo siempre se lo digo a mi madre, no aparques ahí, que puedes encontrarte un disgusto luego. Pero bueno, y los vecinos, cuando se coscaron, ahí asomándose al contenedor… ¡Anda que me asomo yo, para que me reviente una botella en la cara! Serán gilipollas…
Rafa discute con Manu, Jesús, Bea y el Mena si puede o no puede mear cada vez que quiera. Para demostrarlo va y se saca la polla ahí en medio, el tío sin vergüenza ninguna y echa una meada corta, así, sin moverse, sentado y todo.
- ¡Halaaa, tíoo!
- Jajaja, a Laura l´ha gustao, cuidaíto, Elena…
- ¿Pero qué haces, so imbécil? Anda y métete la polla en los calzoncillos que vamos, vamos… ¿Tú eres gilipollas o qué?- Rafa está demasiado borracho como para preocuparse, lo único que hace es volver a meterse el pajarito de donde lo sacó riéndose.
- Puaf, qué dices, tío, va a molarme a mí la polla de Rafa… Y tú tranquila, Elena, que, como todo el mundo sabe, y por si acaso lo recuerdo, yo me lié con él antes que tú, y te lo dejé ya a ti para que lo hicieras un, ejem, un hombre de… Provecho.
- ¡Y dale, qué tía! Siempre estás chinchando con eso…
- Si es que fui la más lista de las dos. Yo una noche de diversión, tú ahí aguantándolo para lo bueno y para lo malo… Que supongo que ese es el rollo guay de tener pareja y tal, pero yo… Tsss…- calla. Todos sabemos por qué. Con Jesús no hay nada que hacer. Vive por los porros, no mira a una tía desde hace años, y yo a este paso empiezo a dudar de la capacidad eréctil de su miembro-. Cambiando de idea, creo me vendrá bien otro chupito de Royal Swan, el bendito whisky más asqueroso del mundo, de venta en todos los Mercadonas.
- Yo te lo echo, ¿te lo puedo echar en la boca, Lauri?- salta Rafa casi eufórico por la mezcla de mucho alcohol con algunas caladas que da a nuestros porros cuando Elena está distraída. Es que tener parienta… Yo no veo embrollo más gordo.
- Venga, tú echa y cuando yo levante la mano paras, ¿eh? Pero paras de verdad, no como las otras veces…
- Qué sí, colgá, venga, abre tu mouth.
Laura echa la cabeza para atrás y abre la boca. Rafa vierte con cuidado el dorado licor sobre su lengua, hasta que ella levanta la mano derecha y abre los ojos, ya de por sí grandes, hasta que parece un personaje de los Simpsons. Rafa para y Laura traga en un momento todo el contendido.
- ¡Ahhhhhh! ¡Qué asco! Mira, tío- y le enseña a Rafa el vello erizado en sus brazos.
- ¡Ostia!
- Y no sólo en los brazos, es por todas partes, tío.
- Jajajaja, ¿qué, to´ empitoná, no?
- ¡Ey, no te pases!
- Si te da asco no bebas, flipá- entra en la conversación Jesús, que ha terminado su porro número x, ya no puede llevar la cuenta. Casi mejor no llevarla.
- Mi cuerpo odia cómo sabe el alcohol, con oler la absenta se me ponen los pelos de punta… Pero el resultado es taaan agradable…- sonríe, pacífica, y lo besa en la mejilla. Cuando está borracha se le va de las manos, y se pasa de darle besos a Jesús.
- Bueno, illa, ya está, ¿no?- la corta este, y para suavizar el momento, viendo cómo ella le devuelve una mirada triste, añade:- Que me voy a hacer otro peta.
Y empieza el ritual. Saca un paquete de tabaco del bolsillo y un mechero. Y el papel. Del paquete de tabaco saca un cigarro, que va a la oreja y un chivato con el tema que ha ido a pillar hoy mismo al Polígono conmigo, los dos en el coche, aunque aparcado a una distancia prudente, claro. Con cuidado casi científico separa el porro de la barrita de polen, que huele que alimenta, esta vez hemos tenido suerte, otras el tío te vende un palo asqueroso y carísimo por la cara. Coloca el tema en la palma de la mano izquierda y con el pulgar de la mano derecha lo aplasta para que el calor pueda llegar a todo el porro. Toma el cigarro de la oreja y lo corta, dejando algo de tabaco en la boquilla que otra vez va para la oreja. El resto del cigarro lo abre, dejando caer su contenido sobre la palma en la que trabaja. Pone el polen encima y lo calienta con el mechero con precaución de no quemarlo. Mezcla el tema con el tabaco. El olor me llega y se me ponen los dientes largos. Sin embargo, paso de hacerme yo uno, le pediré unas fumaditas y ya luego si eso me lo hago yo. Hace una línea con la mezcla y pone el papel encima. Le da la vuelta y lo rula magistralmente. En cuestión de segundos tiene una forma perfecta de cigarro. Le pone la boquilla y, aun con el morado gordo que lleva, le coge un pellizco perfecto. Vuelve a rularlo para que no se le caiga la boquilla y esté bien prensadito y por fin acaba de cogerle el pellizco a todo lo largo del porro y de rularlo, le mete un buen lengüetazo y lo pega. Lo seca con el mechero y con el prensa se asegura de que no vaya a caerse nada de tema por arriba. Saca el algodón de la boquilla, tira la mitad y abre un poco la mitad que le queda, para que no le entre tabaco. Lo pasa por el fuego para eliminar los pelillos esos mierdosos que son fatales para la garganta y otra vez adentro. Ya relajado y viendo su obra concluida quema en último lugar el papel que sobra por arriba. Ya sabemos de más que no mola nada fumarse eso… Lo enciende. Cierra los ojos con esa primera calada que yo sé que es divina y al espirar el humo me dice:
- ¿Te pone ver cómo me hago un peta o qué?
No tiene explicación, o al menos yo no se la veo, pero cuando están con el puto morado, no hay manera de que dejen de meterme mano. Tengo que andarme con reflejos de gato, porque en el momento más inesperado lanzan la mano y ¡ala! A sobarle la polla al Mena. Pues qué gracia… Lo peor es Rafa, que como mide y pesa el doble que yo, no hay manera de retenerlo. De verdad, qué mariconeo con el ciego, joder. ¡Si Rafa tiene novia! Y los demás, bueno, los demás sexualmente están al nivel de la ameba, pero cuando se les pone el Mena por delante con el ciego se les despiertan los instintos más bajos. Y las chicas no me defienden, encima.
- Mena, hijo, si es que… Vamos si es verdad lo que dicen las malas lenguas…- empieza Laura que, como ella misma diría, llena su “discurso de digresiones cual Heródoto de Halicarnaso”.
- Lo es, lo es- salta Jesús, excitado, incorporándose levemente de su esquinita en el escaparate.
- Pues eso, Mena, que es que eso pues tiene que ser un bien común, digo yo…
- La polla del Mena, Patrimonio de la Humanidad- dice Noni, y ya termina de arreglarlo. Yo me sonrojo entre las risas y farfullo unas quejas que nadie oye.
- Venga, Mena, te voy a hacer un favor. Te invito a un chupitazo de absenta, a ver si te pones tontorrón. Y yo, de paso, otro.
- ¿Otro?- pregunta Bea-. Después pasa lo que pasa…
- ¿Y qué pasa?- salta Laura a la defensiva.
- Pues que potas, tía, que potas, y que hay que ir a acostarte a tu misma cama y desnudarte.
- Eso serás tú, so lesbiana- contesta, agresiva-. Además, lo que os reísteis a mi costa el día de mi primera pota os resta el sufrimiento.
- Anda que no, joder- entra en la conversación Quique-. Mira, tía, yo me acuerdo de ti con el ciego más gordo del mundo, en mi coche llevándote a tu casa, con la baba colgando y diciendo que te ibas a morir- la risa le impide hablar bien del todo-. Pero lo mejor, el puntazo fue cuando la monto, me monto yo y va y me dice: Mira, Quique, yo estoy segurísima de que no vamos a tener ningún accidente, así que mejor no me pongas el cinturón… Qué pechá de reír, colega.
- Sí, sí- sigue Noni con la historia, todo un hito en el grupo-. Y la tía de vez en cuando asomando la cabeza por la ventanilla y potando pa´ fuera.
- Qué desfase…
- Coño- protesta Laura, que ya estaba tardando-. Qué queréis que haga, si encima el inútil con el que me dejáis para potar- el inútil soy yo-… Yo ahí sufriendo, sintiendo que el fin de mi vida tocaba a su fin… Bueno, ya sabéis lo que me quiero decir… Y empiezo a potar y el nota este ahí parao sin hacer ni el huevo, y yo llenándome de pota los pantalones y tooda la melena, ¡qué asco! Y cuando me cosco el tío lo que está haciendo ¡es llamar a Noni para que se acerque a ayudar! Y menos mal que vino, que si no me muero ahí cocida en mi propia salsa… Y víctima de la prensa amarilla.
- ¿Qué dices?
- Sí, tía, que me ha contao el Mena que salen unos a tirar la basura y me hicieron una foto con el móvil.
- ¡Hostia, qué bueno!
- Sí, pues yo no le veo la gracia por ningún lado, que soy menor… Bueno, Mena, ¿hace ese chupito o qué? Que no tengo toda la noche, coño.
- No, illa, yo si quieres te acompaño, pero yo paso de beber.
- Hay que ver qué soso eres. El alcohol me es necesario como… Como… Como el mar al atardecer.
- Qué poética.
- Ya ves, es que cuando estoy en vena… Por cierto, ¿a que no adivináis cuánto he sacado en el examen ese de Historia que estaba a punto de suicidarme ya estudiándomelo todo las dos horas antes, hiperventilando, etc., etc.?
- A ver- dice Noni con voz cansina. Todos nos lo imaginamos.
- No, no. ¡Adivinanza!- exclama, alegre, y ríe.
- Yo qué sé… Un nueve.
- No, no…
- ¿Y medio?
- Frío, frío.
- ¿Setenta y cinco?
- Por favor, ¿esa es la opinión que tienes de mí?
- Hija de puta… Un diez.
- ¡Ajá! Y para celebrarlo, un chupito de absenta. Anda, acompáñame, Mena.
- Enga.
- La muy hijaputa… Las notazas que saca y la vidorra que se pega, todo el día bebida.
- Ey, ey, ey. No estoy de acuerdo del todo ahí… Ya quisiera yo estar todo el día ciega, pero illa, si no puede ser, no puede ser, después de todo, yo soy de lo más responsable.
- ¡Uhh! ¡Sí, responsabilísima…!
- ¡Yo he sacado un siete!- dice Bea- y para celebrarlo ¡un porro! Jesús, déjame el mechero, porfi, que este no peta.
- Dale a la piedra, ¿no?- pregunta Laura, deseosa de meterse en todas partes.
- Paso, que me lo deje y a chuparla.
Laura y yo vamos a La Rebotica que a estas horas empieza a estar relativamente poco petada. Mientras ella lucha a brazo partido por hacerse un hueco en la pringosa barra, yo me apoyo en la pared, miro a mi alrededor y reconozco a uno de mis compañeros de Políticas.
- Ey, Mena, cómo va eso, tío.
- Eyy… Pos na´, aquí de alfalfeo.
- Ya te digo. Por cierto, esta es mi novia, Rebeca.
- Qué pasa- le doy dos besos. Vaya cómo está la tía. No sé cómo lo hacen algunos. Yo, como cuente cuánto llevo sin mojar me pongo a llorar, así que mejor lo dejamos.
Laura ya habla con el camarero. Desde luego, está bien borracha. Le brillan los ojos, no controla bien las palabras, está casi eufórica, muy alegre y seductora con el camarero, un pavo que si yo fuese tía ni miraba. Aunque claro, yo si fuese tía sería lesbiana. Y encima me pondría un espejo al follar delante y ¡ala! Con espectáculo. Joder… Me acerco a Laura para saber qué coño habla con el nota de la barra.
- ¡Holaaa! ¿Me pones un chupito de absenta, por favor?
- Ahora mismo- el camarero busca a su espalda la botella, pero no la encuentra-. Espera. Tengo que ir a por una nueva. ¡No te quejarás, eh! ¡Vas a estrenar botella!
- ¡Qué honor, por favor!
Regresa rápido. Pone el vaso, abre la botella, sirve el chupito y va a la caja a cobrar los dos euros que Laura le da. Esta mira el chupito, al olerlo, se le eriza todo el vello, como antes nos contó. Lo sujeta, toda una experta ya, con tres dedos y de un violento golpe hacia atrás se lo echa todo en la boca, procurando tragar lo más rápido posible. Durante un segundo parece que todo va bien, pero entonces la veo escupir absenta a perdigonazos en el suelo.
- ¡Ay, que la tía esta pota!- dicen algunos, y se abre un pequeño círculo de gente ansiosa por no mancharse en el poco espacio del bareto.
Finalmente, echa un anillo plástico blanco al suelo. Es la anilla de la botella. Cuando se da cuenta y ha recuperado la respiración, se vuelve furiosa hacia el camarero, borracha y sin pensar en lo que le está diciendo a un armariaco que tampoco va muy católico que digamos.
- ¡Pero qué has hecho, gilipollas, que casi me matas, subnormal! ¡Que has dejado la anilla en el chupito y me ibas a asfixiar, so capullo!- no tiene tiempo de seguir quejándose, porque el camarero contesta y yo me cago.
- ¿Qué? ¿Qué me has llamado tú a mí, so niñata? Mira, vuelve a decirme otra vez algo así, y te juro que me salgo de aquí y te parto la cara, niñata, que eres una niñata. Vas a venir tú a mí a chillarme a mi bar, vamos, hombre…- Laura ha callado. Está muda y con la cara palideciendo por momentos. Yo voy a tirar ya para la puerta cuando, tímidamente, vuelve a hablar.
- Pero… Es que no me he podido beber el chupito- dice, con voz casi inaudible-… Ponme otro, ¿no?
- ¿Lo pagas?
- ¡No! Tío, que el otro lo he tenido que escupir.
- A ver, te lo pongo y te largas, ¿eh?
- Sí, sí.
Se lo pone y Laura, emulando a los mejores vaqueros se lo traga sin apenas (apenas) gesticular y nos vamos por patas. Qué mosqueo…
Esta gente se está poniendo en marcha cuando regresamos el Mena y yo.
- ¿Qué pasa?
- Me ha llamado Nito, que están en el río, que no sé qué… Y que estas dos quieren eme- contesta Rafa, señalando a Bea y Noni.
- Vamos, que al río.
- Sí, señora.
- Vaya pateo.
- Todo sea por el eme, cuando lo pruebes, lo entenderás- me dice Noni.
- Yo no necesito eme para nada… Teniendo alcohol…
- Desde luego, no sé cómo no tienes la sangre verde a estas alturas.
- Y yo no sé cómo no tienes tú las pupilas todo el día como las del gato de Shrek y tú- señalo a Manu- cómo no te sale humo de la boca cada vez que hablas.
- ¡Pero bueno! ¿Y esto a qué viene? Tsss, borrachina, no te metas conmigo, ehh- se defiende Manu. Sin darme cuenta, ya estamos saliendo a San Pedro. Camino del río.
Al llegar nos sentamos en los poyetes de piedra y hacemos un sabio reparto de tareas: Elena acompaña a Rafa a por hielo a la gasolinera. Y algo de papeo, pide la gente, que ya anda con la jama pitillera. Recoge diversos donativos de suelto para el papeo comunal y se van. Noni habla por el móvil con unos colegas de Bea, hasta que los ve a lo lejos, en la oscuridad, y las dos se dirigen hacia allí para que las inviten (les deben) a unas bombitas.
- ¿Tú hoy no tomas eme?- le pregunto a Jesús.
- No, estoy muy pasado de petas, y no te creas que el chupito no me ha hecho ningún efecto...
- Bueno, voy a echar una meadilla allí en la lejanía.
- Enga. Nos vemos con los párpados.
- Mena, pásate un pañuelito de papel.
- Toma- dice, dándomelo.
- Este tío es como Doraimon…
- Y con el mismo culo.
Camino junto al poyete, que va creciendo en altura hasta convertirse en un alto muro. Por arriba protege el paseo que discurre junto al río y aquí abajo todo es verde, un caminito paralelo al curso del agua y una pendiente de grandes losas de piedra conducen a la orilla. Me detengo un instante a observar la noche. Es fascinante. Se oye ocasionalmente algún coche a buena velocidad por Torneo, los gritos de la gente (los españoles, los andaluces especialmente, y más, borrachos, no sabemos hablar más que a gritos, dicen por ahí), el agua que fluye lentamente hasta su muerte en San Jerónimo (y recuerdo divertida que cuando era pequeña mi padre me llevaba allí, al final del Guadalquivir, me decía aquí se acaba, y lo llamaba mentiroso, que no era verdad, que el río seguía hasta el mar). Al otro lado del río la Cartuja, con sus bellos y modernos edificios de la Expo, algunos reflejados en la brillante corriente. Paso una curva desde la que no puede verme la peña que hace botellota en los alrededores de las escaleras que quedan justo enfrente de la gasolinera. Apoyo la espalda en el muro. Un hombre (me siento incapaz de definir nada más que su sexo, y decido que su edad se halla entre los veinte y los cincuenta años, nunca se sabe) me mira fijamente desde el paseo. Yo a lo mío. Me bajo los pantalones y meo con cuidado de mantener mis pies (encima, voy en chanclas) bien lejos de esta nueva corriente dorada. Es una buena meada. Tardo lo mío y me limpio con el kleenex que el Mena me ha dado. Lo tiro por ahí, me subo los pantalones y vuelvo a mirar hacia arriba. El nota ese sigue ahí plantado, como un búho, mirándome fijamente y como ya empiezo a cagarme, tomo el rumbo a buen paso hacia el grupo. Sin embargo, no había nada que temer. El tío ni se inmuta. Se queda quieto viendo cómo me alejo a toda pastilla.
Cuando regreso todos se están quejando porque Rafa y Elena no han vuelto todavía con el hielo, y a ver quién apura el whisky ese calentorro que no hay quien se lo beba.
- Pero bebéoslo a chupitos, hombre.
- Sí, claro, tú estás loca- me contesta Manu- El Royal Swan a chupitos… Un whisky tan selecto como este no puede beberse así, coño.
Bostezo. Como esto siga así de muermo me va a dar la bajona y me veo echando una cabezadita (a estas alturas no sería la primera vez) aquí en el suelo, hasta que la peña tire. De hecho, esa campaña del Estado contra el alcoholismo juvenil en la que se ve en un cartel a una chica durmiendo junto a unas basuras siempre me recuerda a mí. En fin… Me acerco a la orilla del río y me siento a medio metro, sobre la enorme losa de piedra gris que da acceso al agua. A unos metros a mi izquierda, también al lado de la orilla hay un grupo de chicos. Intento ver si hay alguno interesante, pero la oscuridad y mi estado no ayudan en exceso. Distraída, me saco una chancla y sumerjo el pie en el agua, que lo recibe cálida. De día no me gusta ver el Guadalquivir de tan cerca, porque está lleno de mierda, porquería de todo tipo, y manchas de aceite. Sin embargo, ahora no veo nada con claridad y menos el agua, de modo que me quito la otra chancla, me arremango un poco los pantalones y refresco mis pantorrillas. En seguida hago lo propio con los brazos, echándome el agua por encima. Y, de pronto, una idea brillante me cruza la cabeza como una estrella fugaz. Sin pensármelo más me guardo el reloj en el bolsillo del pantalón y me quito este y la camiseta con un par de movimientos rápidos. Dejo mi ropa ahí, sobre la losa, y lentamente y bajo la atenta mirada de los tíos del grupo vecino (que no pueden creerse la suerte de que este viernes una tía se les ha desnudado delante) voy entrando en el agua, que está muy calentita de recibir al sol durante horas y horas. No me alejo mucho de la orilla porque me da miedo el agua así, de noche, tan grande, y yo tan pequeña. Y, por supuesto, que a algún gracioso se le ocurra llevarse mi ropa. Practico un poco mi estilo braza y crol, pero lo hago muy mal. Nunca fui buena nadadora. Sumerjo la cabeza en el agua, con los ojos firmemente cerrados. Los tíos de al lado están que no se lo creen. Hasta mí llegan sus voces excitadas y animadas que comentan la jugada. Como una sirenita, les saludo con la mano desde el agua. No tardan ni un segundo en devolverme el saludo efusivamente, de modo que nado hasta ellos.
- ¡Pero qué haces, tía, que el agua está asquerosa!
- ¡Y qué! Mientras no vea la mierda… Y te aseguro que no la veo.
- ¿No tienes frío?
- Qué va, está calentita. ¿Ninguno se anima a hacerme compañía?
- Qué dices, ni loco, chavala.
- ¡Ey, mira lo que hago!- mi mente vuela de una cosa a otra, y hago una voltereta hacia atrás, seguida de una hacia delante, ambas muy celebradas por mis nuevos amigos. De hecho, me caen tan bien que decido salir a charlar un rato con ellos. Entre el agua y el conocer a estos la bajona ha dado el parón. Misión cumplida.
Uno de los tíos me gusta al momento. Siempre me pasa. Voy por ahí fijándome en los tíos, a ver cuál me gusta. Y este me gusta. Veintiuno o veinte años, con una coleta cortita castaña en plan Jesucristo y unos dientes perfectos. Me siento junto a él, que me mira de arriba abajo. No es para menos. Supongo que no todos los días se ve emerger del Guadalquivir a una chica en ropa interior. Ropa interior que, por cierto, es de lo más decorosa. Llevo un sujetador que casi parece un bikini, y unos culotes como braguitas. Me peino el pelo hacia atrás con los dedos.
- ¡Buff, mira cómo me huele el pelo, tío!- tiro de su brazo para que acerque su nariz a mi cabeza.
- Sí, a río que echa para atrás.
- Jajajaja.
- ¿A que ahora sí que tienes frío?- dice, señalando el vello erizado de mis muslos y pasando atrevidamente su dedo sobre uno de ellos, haciendo una línea recta que asciende desde la rodilla.
- Sí, tío, mira- y se inclina para ver cómo le muestro mi pezón, que está todo duro y afilado como un puñal, separando la tela empapada del sujetador de mi pecho.
- Sí, sí, ya lo veo… Joder, no hagas eso, que vamos a tener un disgusto- y señala con la mirada su paquete. Yo, cortada (¡cortada!), bajo los ojos y creo que me sonrojo.
- ¿Cómo te llamas?
- Javi. ¿Y tú?
- Laura… ¿En qué trabajas, o qué estudias?
- Estudio Óptica.
Suficiente información. No me gusta liarme con un tío sin saber ni su nombre. Pongo la mano con suavidad en su paquete, que al momento empieza a crecer. Aún con cierta inseguridad, o timidez, giro la cabeza hasta que nos besamos y sus amigos gritan. Uh uh uh uh, le dicen. El Javi con una sirenita, qué triunfazo. Le sabe la boca a vodka y tabaco. Mueve su lengua dentro de mi boca. Me encanta cómo besa. Pero no estoy con ellos ya más de unos minutos. Finalmente me vuelvo al agua y regreso hacia mi ropa vía acuática. Pero por el camino tengo un percance. Algo, tal vez una planta, o alguna basura, en todo caso algo flexible y alargado, me roza la pierna mientras nado con parsimonia. Esto me trastoca de tal manera que acabo saliendo a trompicones del río y con la respiración cortada. Me tiendo en la losa para secarme un poco antes de ponerme la ropa, y en ellos estoy cuando recibo una visita de Noni.
- ¿Qué- dice con la alegría el que tiene en el cuerpo una bombita-, te ha sentado bien el bañito, colgaera?
- Pues sí, la verdad. El agua está calentita.
- Estás enferma de la mente, tía.
- Ah, y… Me he liado con ese- digo señalando con toda la discreción de la que puedo hacer gala.
- ¿Ese? No está mal, flipá.
- Ya te digo, jeje. ¿Y tú qué?
- ¡Buff! Esto es indescriptible. Es como… Yo qué sé. Es una gustera brutal, sabes, y que ahora mismo me siento en paz con todos y bien, todo está bien, y lo siento todo, sabes, yo qué sé, tengo los sentidos exaltados, pero no hay nada desagradable. ¡Oh! ¡Déjame tocarte así mojada!- y empieza a pasar sus manos por mis brazos húmedos, mi barriga, mis piernas…
- ¡Illa! ¡Pero tampoco te vayas a poner a meterme mano, con la mierda del eme este!
- Tía, es que tú no puedes entenderlo, es brutal, te toco y siento tu piel y el agua y es… Buff. Y se queda el tacto pegado en mi mano, y la quito y todavía lo siento y… No veas.
- Sí, coño, pero que tampoco te pases la manita por donde no hay que pasearla, que os creéis aquí todos que soy vuestra putita particular…
- Hombre, Lauri…
- Qué cerda.
- ¡Oh! ¡Qué ameno el vientecillo este! ¡Me corro!
Me inclino hacia ella y con suavidad espiro en su oreja.
- ¡Ahh!
Vuelvo a hacerlo y paso casi imperceptiblemente la punta de mi lengua por el borde de su oreja.
- ¡Ah! ¡Para ya, que me vas a poner cachonda, maricona!
- Sí, a este paso acabo comiéndote la oreja y de una cosa a otra no hay mucho camino. Y yo no es que te diga que no, pero que digo yo que follar aquí en público que puede vernos cualquiera no mola… Digo yo que mejor así cobrando en algún bareto mejor, ¿no?
- Illa, cero lesbianeo.
- Jo.
- Anda, vístete, flipá.
- Eso, que si no… Te me saltas encima, perrilla.
- Sí. Seguuuro. No lo dudes, vaya.
Alargo la mano y me pongo la camiseta. Me levanto y le digo a Noni que se pase los pantalones. Una vez vestida, recoloco el escote para que quede perfecto. Le doy la mano y la ayuda a ponerse en pie, y subimos la pendiente enlosada para reunirnos con los otros en el poyete.
Las ideas de la peña. Cómo lo desfasan ya con el ciego, colega. ¡Cuando me la veo venir toda mojada de haberse bañado en bolas en el río! ¡Flipada!
- ¿Qué, illa, te ha sentado bien el bañito?
No puedo evitar partirme la polla… ¡Joder! ¡Con la de mierda que hay!
- Desde luego, lo tuyo no es normal, eh, Laura- dice Quique y yo no puedo menos que dar fe.
- Doy fe.
- ¿Qué dices, so enfermo?
- ¿Ves? Si hasta Manu da fe.
- Que sí, Lauri, que sí, que lo tuyo…
- Coño, es que, a ver, con el ciego que llevo encima, qué coño queréis que haga, iba a darme la bajona y yo qué sé, vi el agua, tan tan tan calentita y tan brillante y era tan bonito…
- ¡Si el río está de mierda que no se aguanta!
- ¡Pero yo no lo veía, subnormal de carrito! ¡No te he dicho que voy ciega!
- No, si eso tampoco tienes que jurarlo.
- Sois crueles.
- Y tú muy amena.
- ¿Y el papeo? Que yo puse veinte céntimos. ¿O fueron veinticinco?
- Pues pregúntaselo a otro, porque estos dos no vuelven.
- Joder… ¿Pero qué coño hacen?
- ¡Ahh!
- Tsss… No, no me vengáis con ahhs ni pollas, porque a ver, ya pueden haber comprado, con lo cual, fijaos en mi brillante deducción, una de dos, o están follando o están discutiendo…
- Follando en un callejón de la calle Baños o por ahí, encima de un coche.
- Humm… Qué descriptiva, Bea, ¿lo dices por experiencia?- pero Bea no nos dice nada, sólo sonríe, y nos deja sin una escabrosa historia que podría amenizar considerablemente el ciego… Bea follisqueando en la calle Baños encima de un coche. Ya me la imagino…
- Discutiendo…- dice Noni, claro, porque Noni se sabe los marrones, igual que me los sé yo, más o menos rondan por la peña, pero hay quien se entera más y quien menos. Por ejemplo, el Mena como no le mandes un comunicado oficial ni se cosca. Después va el nota por ahí diciendo que lee en nuestros ojos. ¡Qué coño va a leer ese! Pues eso, que al que no van Elena o Rafa a largárselos pues se entera por terceros, o por cuartos, o se lo imagina uno. Bueno, menos el Mena, claro, que anda todo el día en la parra. El maricón, con el nabo que tiene. Si yo fuese tía… Del tirón me lo tiraba.
- Discutiendo mientras follan- sentencia Laura- o follando mientras discuten, pero para mí viene a ser lo mismo.
- Follando, haz el amor y no la guerra- dice el Mena. Sin comentarios. Lo que yo diga…
- ¿Hacemos una porra?- exclama Laura.
- ¡Hostias!- parece que a Quique le mola la idea.
- Illo, illo, para, para- digo yo- y reconsidera lo que piensas. ¿Vas a gastarte pasta en eso? Tío, pavos que te gastas en chorradas son pavos que no te gastas en tema. Y a menos tema, menos porros.
- Y a menos porros, menos sentido tiene la vida.
- Muy bien expresado.
- Pero tío, piénsalo, es una forma de aumentar el tema, tío, porque pienso acertar. Digo que discuten.
- ¡Tsss! ¡Qué fácil! Es que todos vais a querer decir que discuten porque sabéis que no se van a poner a follar por ahí, y de todas formas… ¡Que no vale!
- Pues di tú que follando, colgaera- le dice Noni a Laura.
- Sí, hombre, para perder yo el poco dinero que tengo. Tampoco soy tonta, eh.
- Hombre…- todos me ríen la gracia y yo decido que ha llegado el momento de un nuevo cubata. Recojo los rastros de hielo que quedan y me sirvo whisky en el vaso de tubo de plástico casi hasta el borde. Dos deditos de Seven Up y listo para degustar.
- Pero, tíoos, ¿que vamos a estar toda la puta noche aquí en el río o qué?- claro, eso lo sabía yo, como Bea va de eme y sabe que puede disfrutarse más el morado en otras condiciones-. Podríamos ir a algún sitio.
- ¿Qué dice la enferma esta? ¿Movernos?- yo paso.
- Coño, es que aquí de apalanque a lo yonco no mola.
- Eso eso eso- lo que faltaba. Claro. Noni, también con el subidón, quiere moverse
- ¿Y dónde queréis ir vosotras?
- ¿Al Jackson?
- ¿Qué dices?- salta Laura- Que ahora hay que pagar la entrada y encima está a un pateo. No voy desde hace mil años.
- Yo- cuenta Noni- no voy desde el día ese que tomamos eme en mi piso y me dio por ir por tabaco en bici. Y a mitad del camino no sé cómo me caí y me quedé ahí tirada… No veas el trabajo que me costó levantarme, to´ a gustito y feliz en el suelo.
- ¡Vamos al Priscilla!- suelta el Mena, cómo no, si alguien dice algo absurdo del todo (el absurdo a secas es territorio para Laura) tiene que ser el puto Mena.
- Tú lo que quieres es que los gays te metan mano, Mena, a ese pollón que Dios te ha dado.
- Yo qué sé, illo, está cerca, hay musiqueo.
- Hay que pagar- nos recuerda Laura-. Además, para ir a Priscilla me avisáis, que tengo flyers. Y para ir de ambiente nos vamos a la Chata, que hay lesbianas, y nos vamos todos de mariconeo.
- ¡Qué dices!
- Si seréis cerrados de mente… Bea tiene un vídeo en su móvil en el que proclamo mi total bisexualidad.
- A ver- nos corta Jesús- por aquí cerca sin pagar tenemos el Tabú, el Elefunk y la Sala Malandar.
- Pues vamos a la Malandar que lo que está más cerca.
- Malandar es una mierda.
- ¿Una mierda de qué?
- ¡Laura! Por favor…
- Illa, yo vi allí el concierto de Vanexxa, y pues Malandar ha quedado en mi memoria pues así, a lo guay.
- Pues no… Paso de irme a Malandar.
- Podríamos ir a Emporio.
- ¿Una discoteca? Voy en chanclas. ¡Hola! ¡Hola!
- Flipá, que te dejan entrar en cualquier manera…
- En verdad pega ahí el discopeo con el morao bueno de eme…
- Hay que pagar entrada…
- Yo voto por Tabú, que siempre acabamos unas noches de lo más desfasadas allí.
- Venga. Sí, en verdad… Tabú peta.
- Pues para allá.
Yo agarro mi bolsa y tiro. Cuando he subido ya la mitad de las escaleras me llega Jesús con mi paquete de tabaco y el tema dentro.
- Illo, ¿no te dejas nada?
- ¡Hostias!
Y esta sigue y sigue y sigue. ¡Por Dios Santo! Que yo no digo que no, que yo no niego que si quiere hablar hablamos, todo lo que haga falta, me voy con ella y estamos hablando todo lo que quiera hasta el día del Juicio Final, pero por favor, ¿no ve que no estoy para nada? Llevo un tonteo encima que no me aguanto, y este es el momento más indicado para ponernos a charlar largamente sobre todo. Sé que debo estar pendiente, seguir bien la conversación, no perderme, contestar sin alzar la voz, pero la desesperación por esta charla que me toca los huevos me hace perder la paciencia y me vuelvo loco si pienso que a lo mejor ya la pierdo de veras para siempre por algo así. Dios, cómo necesito un porro. Un buen peta que se lleve toda esta mierda, que me despeje la cabeza y me deje tranquilo y lúcido para responder, para arreglarlo todo. Porque la quiero. Pero qué pasado estoy. De hecho, me siento potón. Buff, mareado, y con el estómago hecho mierda. Vaya retortijones. Me veo mañana con la cagalera del siglo. Puto whisky del Mercadona…
- Elena…- casi ni puedo hablar. Me giro todo lo rápido que puedo y empiezo a vomitar y a vomitar. Distingo la mar de bien restos de mi cena, un serranito. Qué asco, colega, los cachos de comida ahí to´ malolientes. Me asquean tanto que me dan más arcadas y poto hasta que no puedo más y hago el amago pero ya no sale nada y voy recuperando la respiración así, inclinado. No me atrevo a incorporarme. No me atrevo a mirarla ahora, con los labios chorreando ácido y alcohol.
- Ya no me das ni pena, Rafa, ni pena me das- se da la vuelta y veo que se aleja. Mierda. La he cagado.
Es imposible. Con este tío, es imposible. ¿Que está borracho? ¿Y qué? Ya estoy harta de todo, de mentiras, de tantos engaños de mierda. ¿Vas pedo? Pues charlamos así, me da igual. Ya dicen que los borrachos nunca mienten, a ver lo que me cuentas tú, guapo, que no te tienes en pie.
- ¿No te das cuenta de que ese muro de aislamiento de información que levantas a mi alrededor no te vale de nada, que al final tus amigos la acaban cagando y yo me entero de todo, no ves que así yo no puedo seguir, no puedo confiar en ti, joder?
- ¿Pero qué coño he hecho? Si es que no lo entiendo. Joder, es que si no tienes fe en que yo te digo una cosa y es así… ¿Cómo quieres hacer si no te crees ni una puta palabra de todo lo que digo? Yo también soy una persona, sabes, yo también puedo estar herido, sabes.
- Eres egoísta.
- Sí, soy egoísta y un capullo y un mentiroso y estás hasta los huevos de mí, ya lo sé, lo sé todo. ¿Sabes? ¿Por qué no dejamos toda esta parte, que me la sé ya muy bien, y avanzamos algo más, coño?
- Sí, ríete encima de lo que te digo. Te cuento lo que siento y te ríes… Igual que te ríes de mí, haciendo siempre de todo sin que yo me entere. Igual que se reirán tus amigos.
- Ey. Ahí no te metas. Nadie se ríe de ti.
- Ya… Mira, es que me da igual… Me da igual, sabes, porque yo siento, yo siento que lo he puesto todo, que te he dado mi alma, o mi corazón, o como coño quieras llamarlo- ahora no puedo evitar algunas lágrimas-, y tú te has limitado a cogerlo y guardarlo. Siento que… Que no me has devuelto lo propio, que no te has entregado de esta forma en que lo he hecho yo, sabes, que me he partido el culo por ti y por mí y siempre te he defendido y, joder, cuando te decía que estaba orgullosa de ti por haberlo dejado con tantos problemas… Me dirás ahora que no te has reído de mí…
Ya no parece ni escucharme. Tiene la boca entreabierta, echa una peste que tira para atrás, y lleva la mirada perdida, más allá de mis palabras, más allá de mis sentimientos y, probablemente, más allá de los suyos.
- Elena…- dice a media voz. De repente, se gira bruscamente y vomita. Vomita los adoquines mal puestos por el Ayuntamiento, pequeños charcos de guarrería a estas horas de la madrugada, vomita lo que cenamos esta noche. O tal vez vomita todo lo que comimos siempre. Todo lo que compartimos se derrama ahora abriendo pequeños ríos fétidos de color ocre entre piedras oscuras y mojadas por LIPASAM. Y yo, tal vez por acompañar inconscientemente, me siento tan vacía, tan hueca…
- Ya no me das ni pena, Rafa, ni pena me das- me doy la vuelta y me marcho rápidamente sin volverme para que no vea que lloro. Sólo al rato pienso que seguramente no podría ver mis lágrimas.
Cuando vuelvo al río (sin hielo, sin Pelotazos ni Pringles y sin Rafa) ya no están allí. Tal vez hayan cogido el bus de vuelta… Pero seguro que hubiesen llamado. Bueno, le daré un toque al Mena, que es Movistar, a ver dónde andan.
Un coche de cristales ahumados se nos salta el semáforo. Me fijo en el brazo del conductor, que asoma por la ventanilla. Lleva un tattoo guapo tela. Pero Jesús se indigna con el coche.
- ¡La próxima vez le pasas así a tu puta madre, gilipollas!- grita, y encima Laura, que no sé dónde coño tiene la cabeza, va y hace un gesto de los que llegan al corazón. Sobre todo, al corazón del cani tatuado, que frena el coche dejando marcas negras de neumáticos. Asoma la cabeza y la gira.
- ¿Qué dise, casho mierda?- ya está, ya la hemos armado. Lo que falta encima es que me jodan el morado de eme con una bronca o algo. Miro a Bea, que ya tiene cara de angustiada.
- Digo que la próxima vez le vas a hacer eso a tu puta madre, subnormal, que teníamos preferencia- hace amagos de adelantarse.
- Illo, Jesús, pasa, tío, pasa, Vámonos- el Mena, cómo no.
- Que me dejes, hostias, Mena.
- Mira, tío, como te pongas así vas a acabar comiéndome la polla.
- No, gracias, que ya hoy he tenido trabajo de sobra enculando a tu madre.
- ¡Será gilipollas!- el tío ahora está que se sale. Y literalmente, porque abre la puerta y lo primero que vemos son sus Nikes. Se dirige al interior del coche para decir:- Tú quédate dentro, gorda.
- Pero… - dice una voz femenina desde dentro a la que yo velozmente y con la brillante lucidez que dan a veces las drogas reconstruyo (con plena fidelidad, no me caben dudas) un rostro de ojos grandes y oscuros que han sido maquillados en varios colores y con un largo rabillo negro a imitación de alguna estrafalaria foto de modas, los labios perfilados por fuera, como si nadie fuese a notar el engaño y pareciesen realmente más gruesos, más seductores, un generoso escote (sobre el que habrá discutido con su novio; él no quiere que la miren otros, ella es de su propiedad lo mismo que lo es el Ibiza que conduce), un crucifijo en el canalillo (buenas tetas, seguro) de oro para que haga juego con los pendientes y tal vez uno de esos brazaletes a lo Bollywood que unen un anillo con una pulsera mediante una cadena, una falda blanca e impecable posiblemente con el icono en plateado (si hay suerte, si no, será en dorado) del conejito de Playboy (después de todo, en el fondo no es más que una puta) en los bolsillos traseros, y unas botas altas blancas también de taconazo, de las que seguro que Laura diría: Mirad qué botas más guapas, y todos la miraríamos con cara de vamos a olvidar lo que acabas de decir. Y la melena, planchada a las ocho de la tarde, teñida de negro, lisa y negra como la de una china. Y nunca voy a ver la mujer de cuyo interior sale esta voz, que me sorprende con un matiz, un toque acertadamente dulce, que me ayuda a suavizar mi opinión sobre ella. Nunca voy a conocerla, pero siento que ya lo sé todo sobre ella, que no tiene nada que contarme, y hasta puedo imaginar de lo que ha hablado este mediodía con su madre, esta tarde con sus amigas, esta noche con su novio, su nombre, sus sueños, sus secretos y hasta su futuro. No la he mirado a la cara y la desprecio, porque no necesito siquiera verla para conocerla. Me la sé de memoria. A la sombra del macho. Tras ese tímido pero no añade nada más, para qué si es saliva gastada inútilmente y ya se sabe que el ser humano tiende a economizar el lenguaje. Miro a Jesús, respira aceleradamente, suda un poco, le tiemblan las manos-. ¿Tú qué pasa, sosio? ¿Que estás deseando que te metan de guantasos, no?
- Venga, a ver cuántos guantazos vas a meterme tú a mí- Laura se acerca tímidamente a Jesús por detrás, le toca el hombro con suavidad, él se gira bruscamente hacia ella.
- Oye, tío, déjalo, mejor no nos buscamos problemas y seguimos con lo nuestro, ¿no?
- Déjame, coño- le da la espalda casi con violencia. Laura agacha la cabeza y se retira a mi lado en un gesto que sin pretenderlo resulta de lo más teatral. Laura, yo lo sé, yo la conozco, nunca va a estar a sombra de ningún puto macho. Y sin embargo, tampoco puede estar a la vera de uno. Sólo tiene un objeto (“oscuro objeto de deseo”, como el Ron Barceló) de deseo, y la imposibilidad de tenerlo, me parece a mí, la obliga a apostar con ella misma a probarse, a ver si es que no es válida, por qué la aceptarán todos menos él, por qué coño es tan fácil echar un polvo, echar mil y es tan difícil conseguir esa mirada que busca, esas palabras que no tiene, y parece que es su falta la que la empuja a bocas y abrazos y gemidos y saliva y lefa ajenos, a ver si prueba que no es por su culpa, que no ha errado como hembra, como persona, que es bonita y gusta a todos. Quiere tener la certeza, creo yo, necesita tenerla, de que puede gustar a todos. Y tal vez así consolarse.
- Este tío es gilipollas, ahora habrá que ponerse hasta el culo porque se le haya ocurrido decir un par de gracias, coño- dice Quique. Y razón no le falta. Encima, sin Rafa aquí, que sería nuestro peso pesado, está todo perdido de antemano.
Se nos acerca el cani. Ya no me gusta nada. Tiene los ojos azules y el tattoo, pero es bajito cual hobbit y encima con una cadenaza de oro más hortera que nada. Tiene las pupilas algo dilatadas, o eso me parece a mí, que tampoco es que vea en exceso, pero por eso y por el gesto nervioso que hace, un amago de echar a andar, moviendo el pie derecho hacia delante y hacia atrás al momento y la mandíbula entacada, yo apuesto porque el nota va de farlopa. Eso, sí, petado que no veas. Es ridículo pensar en una pelea a hostias, pesa veinte quilos más que Jesús y los respectivos morados (excitante el de nuestro enemigo, relajante el de Jesús) juegan en nuestra contra.
- Escúchame, capullo, ya estás desdiciendo todo eso o vas a llegar a tu casa bonito.
- Y una polla, antes de eso te mato a palos…- y se lanza de repente hacia adelante, sin que ninguno nos lo esperásemos. Todos hacemos con retraso el intento de sujetarlo, pero claro, el retraso es lo que tiene, que tocamos el aire donde estaba y ya no hay Jesús. Sin embargo, ya dice el anuncio de Aquarius que “el ser humano es impredecible”, y el Mena, el más pavo, pero claro, también el más lúcido (a qué engañarnos a estas alturas) de todos, lo ha agarrado por un codo. No es muy fuerte, y Jesús no para de revolverse, pero consigue retenerlo lo justo para que Quique y Manu ayuden. Lo sujetan entre los tres mientras él forcejea en su contra-. ¡Que me soltéis, hostias, que me soltéis, que yo a este lo mato, que te juro que te mato, gilipollas!- está desquiciado perdido. Encima, y como el marrón no bastaba, el quinqui se dedica a picarlo en su libertad. Con tanto movimiento en plan espasmo el móvil de Jesús aparece súbitamente de uno de sus múltiples bolsillos y cae al suelo. Hace entonces su oponente un alarde de destreza y agilidad, claro, digo yo que la farla ayudará, y en un segundo lanza la mano como el camaleón la lengua y atrapa el teléfono como si llevase adhesivo en la palma, como si fuese un imán, levantándolo del húmedo asfalto. Mira el aparato un segundo, después mira a Jesús, que ya está volviéndose loco del todo-. ¡Que me dejéis, hostia puta, que yo al nota este me lo cargo! ¡Gilipollas! ¡Y eso lo sueltas que no es tuyo, ehh!
- Bueno, con esto me conformo. Nos vemos- y va y tiene el descaro de guiñarnos un ojo a las tías, que hemos permanecido en segundo plano, entre asustadas e indignadas. A mí, desde luego, el eme con la bronca me ha subido la mala uva, y ya me gustaría a mí partirle la cara a cachos, pero sé que es mejor no hacer nada, que ya se sabe que tocas a un cani y de repente hay ciento a tu alrededor, actúan como manadas, alertándose unos a otros de las buenas presas y aullando en petición de desesperado socorro. Bea, en cambio, está asustada y no para de decir que las peleas le dan miedo, y que no hay que ser así y chorradas que me están tocando ya los ovarios. Laura está callada, observa con ojos grandes de atención y brillantes de ebriedad la situación, que me parece a veces le aburre o le hastía, y desvía la mirada hacia los naranjos que adornan las calles, que añaden el azahar a ese olor de nuestra ciudad, entre gasofa y pitillos y río y sudor y jazmín y… Y azahar. El cani se da la vuelta y camina hacia la portezuela que dejó abierta de su Seat Ibiza negro. Y estos cometen el error de soltar a Jesús antes de que se haya metido en el buga. Parece que fuese una máquina, algún tipo de robot gracioso del tipo de los perritos de juguete que dan una vuelta de campana y que intentan venderte sudacas sobre mantas en los paseos marítimos de Rota y Chipiona, y de un salto brutal con las piernas esas larguísimas que tiene se pone en un microsegundo por detrás del canorro y le mete un codazo en toda la espalda de los que hacen historia.
- ¡Ahhh! Me cago en la… -el cani deja sus maldiciones y cagadas para reaccionar, y se gira preparado para soltarle un sopapo en justa correspondencia con lo recibido, pero para cuando se gira ya tiene Jesús la navaja en la mano (como él suele decir, por lo que pueda pasar) y ahora su apariencia ha cambiado, ya no está histérico ni desquiciado, sino serio, con lo ojos fríos, la mirada fría, el corazón y el alma helados en esta madrugada de alta graduación. Y, sin embargo, puedo imaginar cómo le late el corazón, como una caja, un tambor que va a salírsele del pecho de lo fuerte que tira para afuera. Está esperando el próximo paso y, nadie lo diría, pero tiene miedo. El enano ese mira la navaja donde se refleja la luna flotando en el cielo y el cielo del color de la navaja y duro y áspero y cruel sobre nuestras cabezas como el borde del peligroso espejo que acecha la piel de nuestro amigo. Mira la cara serena y calmada del colega, toma aire lentamente, como la gacela que creía haber despistado a las leonas y ahora se encuentra con que todo ha sido una trampa, con que los refuerzos la esperaban más allá de los setos que ha conseguido saltar, y se toma, se permite gastar un momento para decidir qué hacer, y aún mejor, las predadoras se lo regalan porque tanto les importa lo que tarde en caer cuando ya la saben en su poder.
- Joder, tío, que tampoco… Tampoco es eso, tío, iba… Iba a dártelo, te lo juro, sosio, mira, toma, y todos en paz, ehh, que no pasa nada- intenta controlar las palabras con el morado de coca. De hecho, es el farlopero más responsable que he visto nunca. La mitad ya estarían rajados en el suelo, pero al menos hubiesen dado rienda suelta a la agresividad esa que se te suelta. A lo mejor es que no va de coca. Lo mismo es eme. O tripis. O lo mismo me lo estoy inventando todo yo aquí, con mi propio morado… Saca despacito el teléfono del bolsillo de su pantalón y se lo ofrece. Jesús lo toma con rabia.
- Lárgate, capullo.
El cani se monta en el coche sin decir ni mu y sudando todavía del susto arranca. El coche negro se pierde en la negrura, pasando el puente del Cachorro, hacia quién sabe dónde. Nosotros respiramos tranquilos, Jesús se guarda la navaja parsimoniosamente. Nos mira un segundo:
- No me toquéis los cojones, ehh, que todo ha salido bien.
- Illo, esto está cerrado- tanto pateo para nada y casi perder el móvil para nada.
- Tienes los ojos más cerrados que Clint Eastwood, Jesusito.
- Mena, tú dime otra vez Jesusito…
- Joé, si era de cariño.
- Otro cariño es el que yo te quiero.
- ¿Por qué os emperráis en mariconear conmigo? ¿Por qué yo?
- Eres muy ameno
- Y dicen que tienes un pollón, eso siempre ayuda, digo yo- suelta Laura-. Aunque siendo tía cuenta más tener muchas tetas. Digo yo que si un tío liga con una tía y descubre que tiene polla… Como que no mola.
- Yo lo mato- dice Quique, que ha estado silencioso.
- Coño, el mafioso.
- Jajajaja.
- Bueno, illo, vamos a ver, que como nos enredemos nos quedamos aquí media hora… ¿Dónde vamos?
- Si es que no teníamos que habernos movido del río, coño.
- Elefunk.
- Elefunk.
- Eso está lleno de puretas salidos, eh, que lo sepáis.
- Elefunk.
- ¿Qué bus cogemos?
- ¿Qué dices, enfermo?
- Elefunk.
- A chuparla, vamos pa´l Elefunk.
Me veo a Manu to´ dispuesto a entrar el cabrón con la bolsa con el whisky y los restos de hielo chorreando por el suelo.
- Flipao, deja eso ya.
- Tsss… Lo voy a esconder… A ver… Bueno, illo, paso- lanza la botella que se rompe contra la pared de un bloque.
- ¡Qué haces, que no lo desfases en la puerta, coño!
- ¡Que no s´ha enterao nadie, venga!
Entramos y ya nos vamos colocando. Quique, que no está nada contento con eso de movernos, se sienta en los banquitos adosados a la pared y se enciende un cigarro. El Mena y Manu van detrás. Joder, qué pandilla de apalancados. Noni y Bea bailan. Se ve de lejos que van de eme… Cierran los ojos, sonríen, están (nunca mejor dicho) en éxtasis. Se rozan bailando, se dan pequeños besos. Piquitos y eso. Se meten algo de mano. Tienen a varios tíos hipnotizados.
Yo voy para la barra. Se me ha ocurrido tomarme otro chupito para terminar de enciegarme. La clásica idea brillante de las… ¿Qué hora es? Busco el móvil por mis bolsillos, pero lo dejo, harto de toparme sólo con la cartera, el tabaco, el mechero, las llaves, el mp3… Por cierto que el Mena ya se lo ha enchufado el maricón, no se puede estar más autista en un bareto, joder.
- Absenta, por favor. Y un vaso de agua.
- Muy bien.
Me giro antes de bebérmelo (a ver si me inspiro) y veo a Noni y Bea dándose pequeños besos, asomando tímidamente la lengua. Laura, algo apartada del resto, habla animadamente con un tío joven que está en un grupo sólo de pavos. Por lo demás, el bareto sólo está lleno de puretas. La imagen de Noni y Bea era justo lo que andaba necesitando. Me vuelvo y de un tirón me bebo el shot, que diría Laura. El agua va detrás, como intentando apagar el incendio provocado en mi garganta. Buff, la absenta cae como una bomba allá abajo. Me entra algo de fatiga y apoyo la frente sobre la barra, a ver si se me pasa o es que acabo potando. Cuando han pasado unos segundos (¿o unos minutos?) giro un poco la cabeza, apoyando ahora la sien y abro los ojos. Veo a Laura ahora bailando, un poco con Bea y Noni, un poco con el tío ese, un poco ella sola. Otra que se ve bien que va pasadita. Tiene los ojos brillantes, la raya negra de los ojos ligeramente corrida y los labios no pueden estar más rojos. De camino para acá le ha dado por pintárselos un par de veces. Sin embargo, me gusta mirarla, balancea las caderas como le da la gana, se la trae floja el ritmo de la música, a veces hace movimientos obscenos que muestra a Noni y Bea y ríen las tres. Entonces, el tío retira la mirada, un poco tímido, un poco intentando ver de reojo. Yo puedo mirar todo lo que quiera desde esta discreta posición. Las tetas que se mueven y tal vez me excitarían en otras condiciones, el culo cuando se da la vuelta. Hace… Hace dos años y medio que no me lío con una tía. Paso. Muy complicado. Está buena. Pero es mi colega. Ya sé todo lo que ella piensa (¿cómo no voy a saberlo? Entre nosotros los secretos corren de uno a otro ramificándose, a veces multiplicándose. Vivimos encerrados en un círculo. Nosotros lo formamos, de espaldas al mundo. Y dentro queda nuestro mundo, ajeno a todo lo que corre y respira fuera). Ya se cansará de mí, digo yo. Paso. Muchas complicaciones.
Vuelvo a poner la frente sobre la barra, que, ahora que lo pienso, está algo pringosilla, pero al fin y al cabo, poco importa eso. Una mano se apoya en mi hombro. Siento que todo se mueve.
- Illo, que m´ha llamao Elena.
- Pos díselo a Manu, yo qué sé, hostias, y quita esa mano.
- Illo, ¿tú qué estás potón o qué?
- No estoy nada, coño, Mena. Si te ha llamado Elena pues habla con ella y que tiren p´acá y si no pues que se vayan ya.
- Que está sola, tío.
- ¿Sola? ¿Y Rafa?
- No sé, tío, no me ha dicho…
- Illo, dile que tire p´acá.
- Que es que no sabe dónde está esto.
- ¿Cómo que no, joder?
- Pues queda con ella en Plaza de Armas y recógela, yo qué sé, illo, déjame.
- Bueno, bueno.
Me muevo y cuando lo hago es como si la música se filtrase por mi organismo, mis músculos, mis huesos, mis tendones, mis venas, como si fuese con el oxígeno que respiro y entrase por mi nariz y a partir de allí se expandiese por todo mi cuerpo con la sangre. Y cuando Bea me roza es algo más que una caricia, siento que nos tocamos con el corazón palpitando amor, desde dentro de la piel, y su mano deja un rastro sobre mí que tarda en borrarse, es una sensación luminosa, efervescente, porque se retira y yo me quedo ahí, bailando aún con toda esa música que se mueve por mi interior, que me mueve y me articula, y su mano aún sobre mí, retrasando, aumentando el placer.
Paro un momento para ir a por un vaso de agua a la barra. Siempre tengo cuidado con esas cosas. Me siento un momento y enseguida me pongo a hacer líneas abstractas con los restos de bebidas derramadas sobre la barra. Mi dedo índice resbala sobre el líquido por la suave superficie. El tacto… Dios. Bebo mi agua y una pequeña parte resbala por mis comisuras hasta el centro de mi barbilla. La sensación es tan agradable que cierro un momento los ojos y entonces surge una punzada eléctrica que va desde mi cuello a todas las esquinas de mi cuerpo. Se me eriza todo el vello y me giro bruscamente. Bea me ha mordido la nuca. Si será zorra… Tiene las pupilas brutales. Con discreción se mete en la boca una de sus bombitas (las lleva ya todas preparadas, la dosis perfectamente medida envuelta en papel de fumar, listo para tomar) y se la traga con lo que queda de mi agua.
- ¿Qué tal esa mandíbula? ¿Mejor que la otra vez?
- Sí, tía, ya se ve que lo del Chino era una cosa… Yo qué sé, que te deja toda entacada. Esto es diferente, buff, mucho mejor, ¿eh?
- Sí sí sí sí sí sí- estoy excitada. Me sudan las mano- Necesito una rayita.
- ¡Pero, tía, no te lo esnifes, joder! Yo te doy una bombita.
- Que no, que paso, que lo suyo es por la tocha y del tirón.
- Pues yo no te acompaño.
- ¿Quién te lo ha pedido?
- ¡Ala!
- Que no, mi niña, que era bromita, no hace falta que vengas. Ya sé que no te mola ver esnifar. Me llevo a Laura.
- Creo que está ligando.
- ¡Qué ameno! Voy a cortarle el rollo. Además, ya se lió con otro en el río.
- ¿Sí o qué?
- Esta, la dejas sola y no veas.
Decidido, voy para Laura. Necesito compañía en el váter.
No veas cómo está el guiri. Es rubio, y tiene los ojos azules (“tiene los ojos azules como el azulazul de la caja de colores”[1], que dicen en esa obra que hizo Bea en su grupo de teatro, qué bonito, me la leí el otro día en un descanso de estudiar para el puto examen de Historia). Bailé un poco, pero estas dos estaban en plan tan bolleras que me han cortado el rollo. Le sonrío ampliamente y le digo:
- ¡Hola!
Sus amigos se sonríen, se coscan de mi ciego, me miran, lo miran. Son todos feos salvo él.
- Hola- guiri. Debí haberlo sospechado, ya que tal porcentaje de rubios en un mismo grupo en un bareto sevillano de puretones y guiris…
- ¿Cómo te llamas?
- Ludwig. ¿Y tú?
- Laura… ¿De dónde eres?
- Alemania.
- ¡Ahh! Guay… Ehh… Hallo, ich heibe Laura. Ehh… Scheibe!
- Ahh, muy bien. Tu alemán es muy bien.
- Tú español tampoco está nada mal.
- Yo estoy estudiante aquí por tres meses y en verdad que he mejorado mucho mi español.
- ¿Qué estudias?
- Químicas.
- Ahh. ¿De qué ciudad eres?
- Hannover.
- ¡Ahh! Pues yo soy de aquí, sevillana… Pero no sé bailar flamenco. ¿A ti te gusta el flamenco?
- Me gustan más las flamencas.
- Jajajaja, ya ya…
- Pego- era incapaz de pronunciar la erre, y lo hacía al estilo francés, tal vez más violento. Muy gracioso, en todo caso- el funky me gusta más. ¿Vienes tú mucho aquí?
- A veces, pero no mucho… Es que, mira, mis colegas, que son esos, ¿ves? Los apalancados de ahí… Esos es que han fumado muchos porros… Las dos flipadas que bailan… Es que van de todo más eme… ¿Sabes lo que es el eme?
- ¿Eme? No…
- ¿MDMA? ¿Éxtasis?
- Ah, sí, éxtasis, sí.
- Pero no es éxtasis, eh, es como un tipo especial de éxtasis. Pues, tío, tienes que enterarte, porque es una droga que anda en boga por estos lares.
- ¿Qué? Pegdona, no he entendido…
- Que no veas lo que abusa la peña, tío.
- Ahh.
- Y bueno, ese de ahí de la barra tirado… Ese es Jesús, y no sé qué coño le pasa. En fin. Pues estábamos en el río, y yo qué sé, nos ha dado por movernos y queríamos ir a Tabú. ¿Conoces Tabú?
- Humm… No.
- Bueno, está aquí al lado. Y está cerrado, así que hemos venido aquí.
- Qué bien- no habla mucho, pero me mira fijamente, me sonríe, y a veces me pone la mano en el brazo. Siento que me gusta y yo también le toco el brazo continuamente al hablar.
- ¿No bailáis vosotros? Sois un poco siesos, ¿no?
- No sé, hablamos y eso…
- Qué pandilla de enfermos. Me voy a bailar. Ea.
Me uno un poco al rollo lesbianeo. Noni, entusiasmada, me da un puntazo, y para que sufra de placer yo le paso la mano suavemente por la cara, desde la frente hasta la barbilla. Juego a ignorar a mi nuevo amigo Ludwig. Cierro los ojos y bailo con estas dos o yo sola. Los abro y miro al guiri. Me está mirando. Le sonrío y se levanta y viene. Siento esa sensación que me encanta, de repente vértigo en el estómago. Se me acerca para bailar, me doy la vuelta y él me sujeta por las caderas. De vez en cuando le doy, como quien no quiere la cosa, con mi culo en el paquete. Cuando me canso tiro de él hasta que nos apoyamos en la pared, alejados de sus amigos (y de los míos).
- ¿Te gustaría liarte conmigo?- se queda un poco pillado, no se esperaba la pregunta así de golpe. Ni yo, la verdad. Por un momento recuerdo la canción esa típica de todas las fiestas de hace unos años en la que una tía con la voz más melosa y tímida del mundo va y dice: “¿Quieres…? Humm… ¿Acostarte conmigo?”[2] Me controlo para no reírme. Se me va la pinza de mala manera…
- Sí…
Estoy a punto de meterle cuello cuando viene Noni y me dice al oído:
- Deja al chaval un segundo y acompáñame a echarme una rayita.
La acompaño, of course, ya que, después de todo, me cuida siempre que poto. Entramos en un servicio, bastante amplio, y empieza a sacar eme del bolso. Un poquito (lo que ha pillado) envuelto en su correspondiente papel de fumar. Echa un poco sobre el váter. No veas cómo le tiemblan y le sudan las manos a la colega. Es brutal. Pero vamos, que yo no voy mucho mejor (en mi línea, claro). No veo muy allá. Me da el tema, trajina no sé qué, me coge el tema, lo guarda y se corta su rayita en el váter con la Tarjeta Fórmula Joven de dinámico azul de Cajasol.
- ¡Ey! Yo también tengo esa tarjeta.
- Es la mar de útil… - se saca un trozo de pajita de la cartera que siempre lleva encima y plas plas snif snif, todo para arriba por la tocha.
- ¿Ya está? Pues venga, arreando, que me quiero liar con el guiri…
- Vaya cómo estamos, ehh.
- Que después vienen las vacas flacas.
- Sí, y tú te guardas lefa para cuando lleguen, ¿no? Como no habrá leche…- se parte la polla ella sola mientras lame el filo de la tarjeta.
- Qué zorra. Anda, vete a bailar de lesbiana con Bea.
- Y tú a lo tuyo. Pero recuerda al Chojin… “No no sin condón…”[3].
- Así no era.
- Me la sopla.
Vuelvo con mi alemán, que me recibe sonriente y pasándome una mano por la cintura. Quiere inclinarse a darme un beso, pero me aparto.
- Ven, vamos al cuarto de baño- echo una ojeada. Quique, Manu y el Mena han volado, supongo que para echar un pitillo. Jesús sigue adornando la barra con su cabeza rala y las únicas que me ven tirar de la mano del guiri y llevármelo al baño son Noni y Bea, que ríen y punto.
Echo el pestillo y, cuando me vuelvo, empezamos a besarnos. No me había dado cuenta, pero el nota es altísimo. No besa tan bien como el del río, pero tiene su morbo. Está cachondo que se sale, eso sí. Le sabe la boca a cubata y hielo, muy fresquita, y la excitación se me pega. Le paso las manos nerviosa por las orejas, el pelo, el cuello, la espalda, el culo. Me soba las tetas a conciencia. Se para un segundo, me baja el escote y me las come. Gimo levemente, sin abrir la boca. Volvemos a besarnos. Le palpo el paquete por encima del pantalón. Él solo se abre la bragueta y saca la polla. Le voy haciendo una paja mientras nos liamos salvo breves interrupciones para comerme las tetas), hasta que ya todo me aburre y le digo:
- Ok, this is all. Have a good night- abro la puerta y salgo al lavabo. Me lío a beber agua del grifo. Él sale (digo yo que antes se habrá guardado la polla). Me miro en el espejo. Me seco los labios, me los vuelvo a pintar y me repeino un poquito con agua y los dedos. Me recoloco el escote, me miro al espejo. Cuando voy a salir me doy cuenta de que hay un tío sentado aquí. Coño, había ido tan sin mirar a ningún lado al lavabo… Recuperada de un amago de infarto, voy a pasar por encima cuando me cosco de que es Jesús. Está sentado con las rodillas flexionadas, la cabeza entre ellas y las manos sujetando su frente. Me agacho.
No sé si me he sobado aquí encima de la barra, pero yo me estoy poniendo malo. Casi no puedo abrir los ojos, y todo me deslumbra. Joder, qué fatiga… Me voy para el cuarto de baño antes de que me ponga a potar aquí encima y el camarero me parta la cara. En el cuarto de baño me miro un segundo en el espejo y me da la impresión de que me tambaleo (o a lo mejor no es una impresión) y la habitación me acuna hacia delante y atrás, provocándome náuseas. No lo aguanto más, me doy la vuelta de golpe para entrar al váter, pero algún capullo debe estar metiéndose algo. Vuelvo a girarme y ya sin poder controlarme por tanta puta vuelta me pongo a potar en el lavabo. Poto hasta que mi estómago se queda vacío. Ni comida ni alcohol ni pollas. Cuando no me queda ya más que mis propias tripas, mi cuerpo sigue emperrado en potar y potar, y lagrimeo un poco mientras acabo de echar mi bilis o como coño se llame la mierda esa que se pota cuando ya no tienes nada y duele a hierro. Me quedo mareado y sudoroso, y me siento apoyando la espalda en la pared. Meto la cabeza entre las manos y cierro los ojos, a ver si todo deja de moverse ya de una puta vez.
Llevo un rato así cuando hay movimiento: Salen dos personas del váter. Una sale y otra se queda. Paso de mirar. Oigo, como de muy lejos, de otro mundo casi, el sonido del agua y al cerrarse el grifo los pasos que se detienen. Entreabro los ojos y veo unas chanclas con unos inconfundibles pies diminutos y negros. Es Laura.
- Hostia, Jesús… Tío, ¿has potao?
Intento decir que sí, pero creo que más bien suelto una especie de graznido. Qué más da.
- ¿Estás bien?- la pregunta no tiene ningún sentido. La dejo pasar.
Se sienta a mi lado silenciosa y apoya la cabeza en mi hombro. Se queda así callada un ratito y de repente habla:
- ¿Te molesto? ¿Estás mareado?
- Ya estoy algo mejor.
- Ahh… ¿Quieres un kleenex?
- Bueno- la escucho trastear y me pone el kleenex en la mano. Lo cojo. Tiemblo brutalmente. Me limpio los labios y, ya que estoy, un poco el sudor de las sienes. Lo tiro de cualquier manera al suelo a mi lado y vuelvo a mi posición inicial.
- Yo también estoy mareadilla, ehh. Jajaja, pero, no sé, no creo que pote. Creo más bien que llegaré a mi casa, sabes, y cuando me acueste es eso de que se mueve todo y hay que dormir con una mano en la pared y un pie en el suelo… Y bocabajo, esa es mi norma, que nunca se sabe si uno va a potar dormido y te mueres ahí ahogado en tu pota, qué asco. Yo una vez me desperté y había potado… Oye, Jesús…
- Dime, mujer.
- ¿Puedo darte un beso?
- Claro.
Se mueve, presionando mi brazo y acerca su boca hasta mi mejilla. Me da un beso y retira los labios sólo unos milímetros. Se queda así, respirando su aliento pesado de alcohol y madrugada en mi cara. Casi puedo escuchar los latidos de su corazón. Con su mano izquierda me obliga a levantar y girar la chorla, hasta que quedamos frente a frente. La situación es ridícula. Con un poco de suerte, como estamos los dos bien pasados, no la recordamos nunca. Y entonces este momento se perderá con nuestras neuronas destruidas, se irán por el desagüe y nunca tendremos que pensar en este minuto tan largo. Tan patético. Intenta besarme en la boca y yo aparto firmemente la cara, vuelvo a enterrarla entre mis brazos. Ella parece quedarse paralizada. De piedra. Cierro los ojos y espero que se vaya. Pero no, tiene que hablar y todo.
- Lo siento… Te quiero, Jesús… Lo siento…- vuelve a apoyarse en mí.
Al cabo de unos minutos se abre la puerta y la voz de Noni nos dice que venga, que vamos a tirar, que Quique y Manu están hasta los cojones del garito, Elena ha tenido bronca con Rafa, que anda perdido y tiene el móvil apagado, que si estoy bien y puedo moverme.
- Sí, sí- digo poniéndome en pie con dificultad.
Vaya panorama cuando me asomo al cuarto de baño: Uno recién potado y más pasado que la hostia, y la otra ahí tirada con él… Les digo que nos vamos y le pregunto a Jesús si va bien. Dice que sí.
Salimos a la calle. El Mena ya se está poniendo los auriculares. Cuando ve a Jesús le pregunta:
- Illo, ¿tú que has potao o qué?
- Sí, Mena, sí.
- A ver- dice Quique-. Los que quieran que los lleve en coche que me acompañen a San Pedro a por él…
- Joder… Yo paso, tío- dice Jesús.
- Yo me quedo con este- dice Manu.
- Sí… Yo también me voy en bus- dice Elena, que sólo quiere llegar a su casa y acostarse y no pensar en nada. La recogieron hace un rato El Mena, Quique y Manu en Plaza de Armas y todo lo que ha hecho en el bar ha sido beberse una Coca-Cola sentada en un rincón y mirar constantemente el móvil.
- Tío, tío, yo te acompaño, que todavía voy un poco con el subidón, a ver si andando…- necesito moverme, estoy agitadísima.
- Yo voy también. Podemos quedarnos un rato en la placita, ¿no?- dice Bea.
- Enga, pos voy yo también con vosotros…- ahora el Mena.
- Sí, y yo…- Laura mira a Jesús, que ya se ha sentado en un portal. Parpadea sin parar. ¿Qué habrá pasado en el baño?
- Bueno, pues vamos, señores. ¡Hasta luego!
- Chao- se despide Elena.
- Oye, tío, esperadme en la placita, eh, para el peta de buenas noches- Manu.
- No te preocupes.
Y ponemos rumbo a San Pedro. El camino se me pasa muy rápido, pero es que con esto del eme el tiempo, ya se sabe, no tiene principio o final, no tiene medida ni noción. No valen relojes. Laura va callada todo el camino, con los ojos semicerrados y bostezando. Quique lleva un buen paso, se nota que tiene ganas de llegar ya. Bea y yo charlamos un poco, nos reímos. El Mena canturrea sus canciones y de vez en cuando dice alguna que otra chorrada.
No sé ni para qué coño me he traído el coche, pero bueno. Les abro y entran a su ritmo, el Mena, Laura en medio y Noni a su lado. Bea pone el asiento del copiloto recto y se sienta. Se pone el cinturón y yo hago lo propio. Arranco y ¡por fin! En camino. Estaba ya hasta las narices del bareto ese lleno de puretas. Con lo bien que estábamos en el río, carajo.
Es la primera vez que hago esto. Llevo conduciendo tres años, desde que tenía quince y pico, algunas veces tocadete, pero nunca como ahora. Voy muy despacito, intentando concentrarme al máximo, mientras noto que se me va bajando el ciego lentamente. Piso un poco el acelerador. Ya en la avenida pasan por mi lado algunos coches tuneados llenos de canis, supongo, a toda leche.
Me despiertan los del puto LIPASAM. Hacen un ruido del demonio, y me están salpicando por todas partes. ¿Qué coño hago? ¿Dónde estoy? De resaca, eso es seguro. Además, pienso lentísimo. Me la cogería buena. Ahh. Elena… La bronca. Se fue cuando poté. Puff, tengo legañas para rellenar un cubo. Me pongo en pie y camino hasta salir a Torneo. El río mantiene fría esta zona, y eso me despeja un poco. En fin, tendré que coger el bus. Camino despacio. Me cruzo con un grupo de guiris que van en dirección contraria, hacia la Macarena, y me gritan, borrachos y alegres:
- ¡Sevilla! ¡Fiesta! ¡Olé!
Acelero un poquito más. Ya estamos en Plaza de Armas. ¿Plaza de Armas? Tenía intención de tirar por el puente de los Remedios, pero bueno… Ya que estoy aquí… El semáforo está para mí. Tiro, y no sé cómo de repente hay un tío sobre mi capó, y el coche se ha parado, y yo no puedo moverme, sólo estoy muy cansado, pero sé que ha pasado algo…
Nos queda ya poco para que el segurata nos deje pasar. Mientras, esperamos en las escaleras. Jesús ha intentado vomitar otra vez, pero no puede y Manu no dice nada. Me pregunto dónde estará Rafa. Miro las calles desde lo alto de las escaleras. Un tío cabizbajo y grandote cruza para la estación desde el centro comercial. Y en un segundo, así, por las buenas, nadie lo esperaba, me quedo de piedra, pasa un coche viejo y se lo lleva. No puedo evitar gritar. El coche ha parado. Corro con Manu hacia allá. A unos metros de distancia veo que el conductor es Quique.
Giro mi cabeza (lo único que siento, supongo que será la mezcla del shock del accidente con el morado) y veo a Bea a mi lado. Me devuelve la mirada. Está bien. No ha pasado nada. Nosotros dos tenemos cinturones… Pero los R5 no traen cinturones por detrás, son muy antiguos. No puedo girar todo mi cuerpo, así que pruebo a hablar. Tampoco. Pero sé que no es más que el shock. Me han pasado cosas parecidas otras veces. Entonces llega un murmullo desde detrás. Es Laura. Está lloriqueando y dice que no ve nada, que se ha quedado ciega, y llora, y no sé por qué, me da tanta pena que me da la bajona justo ahora y yo también me pongo a llorar, así, tal y como estoy, derramando agua salada por los ojos y moqueando.
Y detrás de la neblina de mis lágrimas veo que alguien golpea mi cristal. Es Elena. Grita algo, se aparta un mechón de pelo de la cara. Primero me alivia verla, e intento hablarle. Pero después me fijo en el cuerpo que yace sobre mi capó. Es Rafa. La boca le sangra.
F I N
JULIA GONZÁLEZ CALDERÓN