CARTA A MIS ALUMNOS
Espartinas a 5 de Enero de 2008.
Esta noche mágica es propicia para escribirte esta carta pues hoy, sin pedirlo, se nos concede el poder de regresar al pasado y yo quiero estar contigo.
Ya sabrás que la salud no me ha apoyado y he tenido que dejar mi trabajo, ese que me permitió conocerte, quererte y estar a tu lado tratando de ayudarte durante tantas horas.
Quisiera que recuerdes las veces que nos hemos reído y también las que hemos sufrido y nos hemos sentido solos aunque eso no fuera cierto porque tú siempre me tuviste a tu lado y tú, lo sé, estuviste al mío.
Conseguimos esa complicidad que lleva a conocer el significado de una mirada o de un gesto, a conocer qué nos roía por dentro y a saber en qué momento teníamos que adentrarnos en el alma para ver la salida o la inutilidad de esa tristeza; otras veces no lo conseguíamos pero bastaba saber que alguien, en silencio te comprendía y estaba dispuesto a escucharte.
Necesito decirte lo importante que has sido en mi vida y las cosas que me has enseñado tú a mí: me enseñaste a mirar la vida a través de tus ojos adolescentes, a entender tus necesidades, a escuchar tus silencios y tus gritos, en definitiva, me enseñaste a comprender a tu corazón, me mostraste el camino a tu alma y a tu entendimiento, Conocerte me facilitó mi labor de docente porque sabía lo que te interesaba y ese era el hueco por donde introducía mi escaso saber en Historia y te lo trasplantaba, no tanto para que “supieras” sino para que aprendieras a comprender a los demás a través de comprender a otros hombres del pasado. Al final todos los seres humanos somos tan parecidos…
¿Cómo te seguían sorprendiendo mis caramelos en los exámenes? ¿Cómo conseguías que cantara (¡Dios mío!) el “Romance de la Reina Mercedes”? Nada me importaba, sólo conseguir que tú llegaras a tus objetivos escolares y, por encima de todo, que llegaras a ser un SER HUMANO, que era mi objetivo.
¿Me equivoqué? Seguro. Pero si por un error mío te hice daño perdona pero tienes que saber que nunca fue esa mi intención.
Hoy especialmente te recuerdo a ti Juanito, y a ti Raúl, Pablo y Marta; os marchasteis de mi lado demasiado pronto pero estoy segura que allá donde estéis también leeréis esta carta pues seguro que podéis ver en mi corazón (el mismo que se me ha roto) y éste es el que va entre las líneas que estoy escribiendo.
Tengo que acabar pues el espacio y el tiempo es mensurable y se acaba pero todo lo que es importante no está sometido a ninguna medida y por eso aunque termine esta carta de despedida, no tiene fin ni medida mi cariño por ti ni mi agradecimiento por el tuyo.
Sé feliz y no me olvides pues yo no lo haré.
Suerte y que la vida te sea favorable.
Te quiero chaval.
Ana Miñán fue Profesora de Historia.