Libros recomendados
III
Por C. Austen

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8 de marzo 13.30 del mediodía |
La tercera recomendación que presentamos es:
Mujeres enamoradas
De D.H. Lawrence

La recomendación viene firmada por Catalina León
D.H. LAWRENCE
(1885-1930) David Herbert Lawrence nació en el seno de una familia minera en Eastwood (Gran Bretaña). Profesor en el Nottingham University College, abandonó su actividad en 1911 debido a una grave enfermedad. Vivió en Italia, Sri Lanka, Australia, Nuevo México y México con su esposa Frieda Weekley. Tras su regreso a Europa publicó la que sería su obra más conocida: El amante de lady Chatterley (1928). Aunque murió joven, vivió intensamente. Su producción artística es diversa, pues abarca géneros como el ensayo, la novela, el teatro, la poesía, la traducción, la pintura o la literatura de viajes.

Esta es una novela escrita por un autor reconocido, aunque, la mayoría de la gente lo conoce por otra obra “El amante de Lady Chatterley”. Los que no han profundizado en sus libros lo relacionan con temas subidos de tono, escenas amatorias fuertes y sentimientos a flor de piel. Pero es mucho más.
En “Mujeres enamoradas” encontramos a dos hermanas, Ursula y Gudrun, dos mujeres de clase media en un paisaje oscuro y difícil, el de la zona minera del sur del Reino Unido. Allí viven y trabajan mientras sueñan con que otra vida es posible y, sobre todo, con que el amor llamará a su puerta. Así es. Aparecen Birkin y Gerard Crich, el primero, un inspector de educación (sí, los hay jóvenes y atractivos); el segundo, un rico heredero. Las hermanas se sienten atraídas por ellos y a partir de aquí se desarrolla una historia compleja, llena de momentos cálidos, de minuciosos detalles, de emociones, deseos y sentimientos, con el telón de fondo de la problemática existencia de los años en los que ese país estaba dividido entre el fervor de la industrialización y la crítica a la deshumanización de las máquinas.
Hace muchísimos años que leí esta novela, pero, como todas las que significan algo para mí, la releo de vez en cuando, lo mismo que hago con algunas de Jane Austen (como “Enma” y, sobre todo, “Orgullo y prejuicio”), otras de Agatha Christie (un fantástico antídoto contra la depresión y los problemas), y algunos clásicos.
Además de las dos que he citado, D.H. Lawrence tiene otras muchas novelas, entre las que yo destacaría otra que también me gusta muchísimo y que se llama “Hijos y amantes”. En todas sus obras, incluso en las que escribe en México, los personajes son de carne y hueso, seres humanos poblados de contradicciones, problemas, necesidades y errores. No hay nada de estereotipo ni de cartón piedra en ninguno de ellos y hasta los secundarios aparecen perfectamente perfilados y definidos en todos sus detalles.
En “Mujeres enamoradas” hay una preciosa escena que tiene mucho que ver con nuestra profesión. Está Ursula, que es maestra, enseñando a unos niños de su clase el milagro de la reproducción de las plantas, usando muestras de flores, señalando los pistilos, la corola, etc. En ese instante entra en el aula Birkin, el inspector, y se produce un cruce de palabras plagadas de intención y de sentido. Es una pena que la escena la interrumpa con un gesto altanero la temible Hermione, una aristócrata que se cree con derecho a todo por tener títulos y dinero.
Hoy, que se celebra el día de la Mujer, me gusta recordar que las protagonistas de este libro son mujeres fuertes, que saben cómo afrontar los retos de la vida y que, con todas sus dudas, son capaces de analizar lo que ocurre a su alrededor y tomar una postura propia, original, ante las cosas. No se dejan llevar por las apariencias e indagan en lo más profundo de su corazón para descubrirse a sí mismas, ese gran reto que todos tenemos y que tan pocas veces somos capaces de llevar a cabo. A través de ese espejo ellas pueden encontrar las razones para entenderse y, sobre todo, pueden conocer qué es lo que de verdad las anima, qué metas quieren conseguir y qué sentimientos son los que llevan en su interior. Ninguna de ellas son serviles, ni dependientes, ni sumisas, ni tienen necesidad de otra cosa que no sea su propia libertad.
Merece la pena leerla, de verdad…