Libros recomendados

I

                        Por C. Austen

 

 

29 de febrero de 2008

A las 21.19 de la noche

 

 

          

La primera recomendación que presentamos es:

 

                            El cielo de Madrid

 

 

                                               De Julio Llamazares

 

 

La recomendación viene firmada por Rafael Vilches

 

 

Reseña biográfica de Julio Llamazares

 

 

 

 

 

 



 

 

Llamazares, Julio

 

Biografía.


 

Julio Llamazares nació en el desaparecido pueblo de Vegamián (León) en 1955. Licenciado en Derecho, abandonó muy pronto el ejercicio de la abogacía para dedicarse al periodismo escrito, radiofónico y televisivo en Madrid, ciudad donde reside. Ha publicado dos libros de poemas, La lentitud de los bueyes (1979) y Memoria de la nieve (1982), que obtuvo el Premio Jorge Guillén, y un insólito ensayo narrativo: El entierro de Genarín (1981). Ha reunido sus principales artículos en el volumen En Babia (Seix Barral, 1991). Es autor de las novelas Luna de lobos (Seix Barral, 1985), La lluvia amarilla (Seix Barral, 1988) y Escenas de cine mudo (Seix Barral, 1993), que le han situado entre las figuras más destacadas de la narrativa española actual.

 

 

 

 

           

 

 

JULIO LLAMAZARES: “El cielo de Madrid”

 

 

Se escribe desde los sueños o desde la memoria,

se escribe de lo que no se tiene o de lo que se ha perdido.

 

Julio Llamazares

 

En esta ocasión, me gustaría sugeriros la novela de un escritor, Julio Llamazares, que aunque no se prodiga mucho, siempre consigue, con cada nueva obra que publica, pellizcarte el alma con esa profunda melancolía y esa sutil y personal crónica del desengaño que impregna casi toda su producción literaria. La primera vez que lo descubrí fue con su genial y hasta ahora insuperable “La lluvia amarilla”, una conmovedora historia de soledad, degradación, abandono y nostalgia. Con sus novelas de viajes “El río del olvido” y “En Babia” me indujo a viajar y a recorrer esos caminos evocadores que solo él sabe describir. He de admitir, sin embargo, que Julio Llamazares tiende a plagiarse a sí mismo, y toda su obra se asienta en un recurrente poso de triste melancolía y de búsqueda de la felicidad.

 

La novela que pretendo proponeros para que leáis se llama “El cielo de Madrid”. Desde el punto de vista formal, posiblemente no sea una de sus mejores novelas, tiene un estilo excesivamente reiterativo y, como decía anteriormente, continúa abusando obsesivamente de temas tales como la búsqueda de la felicidad y la añoranza por el paso del tiempo. Sin embargo, en una época como ésta, en la que el éxito es el Becerro de Oro de la sociedad, y hay mucha gente que descuida o abandona la búsqueda de la verdadera felicidad, resulta esperanzador, no obstante, conocer a gente que finalmente, tras una atormentada y esquiva búsqueda, acaban encontrando su pequeño lugar en el mundo, alcanzando esa felicidad con minúsculas, que es la más hermosa de las felicidades.

 

La novela está estructurada de igual manera que “La Divina Comedia”, en círculos concéntricos: Limbo-Infierno-Purgatorio-Cielo. La historia que nos relata trata de un grupo de artistas (escritores, pintores, músicos, actores, etc.) que, allá por los años setenta, se reúnen todas las noches en El Limbo, un bar del Barrio de Malasaña en el Madrid convulso de la transición. A través del discurrir del tiempo observaremos cómo la vida los va cambiando y cómo los sueños se van evaporando en sus manos. Entre la fauna que desfila por El Limbo, nos encontraremos al progre-intelectual que pretende sentar cátedra cuando habla y que pretende hacernos comulgar a todos con ruedas de molino (¿os recuerda a alguien?.... seguro que sí); descubriremos al político de salón, versátil, camaleónico y medrador; nos toparemos con el caradura que siempre bebe y fuma a costa del primero que se cruce en su camino; conoceremos también al descreído con aires de suficiencia, que nunca habla y que se compadece de él mismo y de todos los que le rodean; etc…

 

Me gustaría transcribir un párrafo de una entrevista hecha a Julio Llamazares, en la que el autor hace una perspicaz semblanza del ambiente nocturno que se describe en su novela: “todos los bares son iguales a partir de la una de la madrugada, cuando los clientes asiduos se convierten en clientes "residuos", y acaban convirtiéndose en personajes novelescos. En esa cuerda floja como forma de vida permanente se necesitan ciertos anclajes en la realidad. Éstos pueden ser, como en el caso de los personajes de la novela, los amigos, los veranos en tu pueblo al que siempre se vuelve, o el bar de cabecera.”

 

La novela es un recuerdo añorante de la juventud que se va desgranando a gran velocidad, casi sin darnos cuenta, para dar paso a una madurez reflexiva y llena de incertidumbres. Una novela en la que se recorren todos los círculos, al igual que en la Divina Comedia de Dante, y en la que surgen temas que a cualquiera de nosotros siempre nos ha hecho pensar: los problemas y responsabilidades que nos golpean cuando uno abandona la impermeable y maravillosa coraza de la juventud y accede por primera vez a la madurez; los “affaires” amorosos; esa dosis de autoengaño e ingenuidad con que nos empeñamos en recordar determinados episodios del pasado, con sus idas y venidas y con su incertidumbre vital; el planteamiento de una pretenciosa vida al margen de cualquier ortodoxia; el balance que en determinados momentos hacemos de nuestra vida, y cuyo resultado, en ocasiones, nos empuja a caminar por caminos desconocidos y arriesgados. En definitiva, cada uno de nosotros ha transitado por un purgatorio, por un infierno o por un cielo, y por ello, al margen del éxito o del fracaso de nuestro peregrinar, con la lectura de esta novela posiblemente experimentemos ese sentimiento que los franceses denominan “déjà vu”, y que, en definitiva, es lo que hace que su lectura no te deje indiferente.

 

¡¡¡Feliz Lectura!!!

 

Rafael Vilches