EN PROCESO DE ROMANIZACIÓN

El jueves
quince de febrero la benevolencia de nuestros educadores y nuestras insaciables
ansias de cultura clásica nos llevaron, a los alumnos que cursan Cultura Clásica
en 4º de la ESO, a los del itinerario de Humanidades dentro del Bachillerato de
CCSS y Humanidades, así como a gran parte del alumnado extranjero, que tiene
gran afición a las excursiones del tipo que sean,
a visitar Cádiz y Baelo Claudia.
Aunque no había
clase, tuvimos que madrugar, pero quien más y quien menos lo compensó con una
siestecilla discreta en el autobús. Tras llegar, nos dividimos en dos grupos:
Uno a cargo de Manolo Acosta con sus alumnos de Cultura Clásica y Griego I y II;
y otro de Luisa Ramos, profesora de Latín e Isabel Torres, de Geografía, con
los alumnos de segundo de Bachillerato diurno y nocturno.
El grupo de Manolo empezó visitando el Centro de Arqueología Subacuática (CAS), en el que, para empezar disfrutamos de una proyección de diapositivas que anda muy en boga por los profesores de segundo. Nuestra guía era una joven arqueóloga que explicó a los interesados que para acceder a la profesión era necesario cursar Historia o Humanidades en la Universidad y después especializarse en arqueología con un postgrado. El CAS estudia cualquier resto arqueológico acuático, intenta prevenir el expolio y se ocupa de toda la costa andaluza, haciendo una o dos inmersiones al día solamente, ya que son muy caras. Una vez bajo agua, el arqueólogo mide la pieza y toma las notas que crea necesarias, más adelante hará un dibujo. No siempre se sacan las piezas a la superficie, ya que el sacarlas del agua puede provocar su destrucción en muchos casos. Dimos un paseo por los laboratorios, observando el material empleado y a los propios arqueólogos trabajando. Así mismo, nos mostró varias piezas, de cuyo estudio se puede extraer mucha información sobre el comercio antiguo.
Tras esta
visita, con un breve paseo llegamos al castillo de Santa Catalina, que el grupo
de las profesoras acababa de visitar. El castillo, de estilo renacentista, ofrecía
unas bellísimas vistas a veinticuatro metros sobre el mar. Además, tuvimos la
suerte de encontrarnos con una pequeña exposición de Picasso (y todos los
alumnos de Arte de Juan Diego tomamos nota de la famosa frase del artista:
“Todos sabemos que el arte no es la verdad. El arte es una mentira que nos
descubre la verdad” para sorprender a nuestro profesor, con el resultado lógico
de que nadie lo sorprendió).
Como habíamos
pasado una mañana muy dura, tuvimos dos horas libres para almorzar en la playa
de Bolonia. Unos se dirigieron hacia la lejana cúspide de las dunas, otros se
decantaron por algún bar o restaurante de la zona y otros disfrutamos de
nuestros bocadillos frente al mar y al viento.
Y a las cuatro empezó la recta final de un feliz día (casi de fiesta, por aquello de las clases), visitando el conjunto arqueológico de Baelo Claudia, antigua ciudad romana dedicada principalmente a la salazón del pescado y a la elaboración de una especie de delicatessem, el garum, una salsa a base de pescado medio podrido (¡humm!)…, así como al comercio, por ser punto de unión con Tánger y por ende, toda África. Fue fundada en el siglo II a.C. y sufrió un terrible terremoto un siglo más tarde, tras lo que el emperador Claudio financiaría la reconstrucción de la ciusas, y de ahí su nombre. En el siglo IIId.C. hubo otro terremoto, y esta vez nadie apoquinó la reconstrucción, y cayó en una decadencia provocada por las crisis socioeconómicas que ya asolaban al Imperio, de modo que sus habitantes quedaron viviendo entre las ruinas, hasta que se levanta en el siglo IV un “poblado de humildes edificios” que mantenía viva la industria del lugar, pero no tenía nada que ver con el pasado glorioso de la ciudad. Todo terminó cuando la ciudad fue definitivamente abandonada a comienzos del siglo VII (tal vez el garum dejó de cotizarse a la alza… De verdad que no lo entiendo).
Nunca
superó los tres mil habitantes, pero lo fascinante de este lugar es que se
mantiene en muy buenas condiciones, en especial el templo de Isis (religión
oriental y mistérica que tuvo gran acogida entre un pueblo romano que trataba
de llenar el vacío espiritual de sus vidas), la basílica y el teatro.
Además, fue
construida siguiendo las reglas del urbanismo romano: Una planta ortogonal con
dos calles principales perpendiculares que iban de Norte a Sur y de Este a
Oeste, el Cardo y el Decumanus
Máximus, respectivamente. Posee los edificios básicos de la ciudad romana,
el foro, un espacio rectangular que constituye el centro político, comercial y
religioso de una población; el teatro que mantiene su frons
scaenae y sus caveas en buenas
condiciones; las termas, espacio para que uno hiciese vida social mientras
tomaba baños fríos (en el frigidarium),
templados (tepidaruim) y calientes (caldarium),
y había hasta sauna (laconicum) y
gimnasio (palestra) al aire libre, que
sienta muy bien con el airecillo de la costa. Por desgracia, las termas de Baelo
Claudia no están muy bien conservadas, pero nada como echar mano de la
imaginación y ya se ve uno a las señoras en el laconicum
comentando los nuevos peinados y a los caballeros sudando en la palestra
hablando de gladiadores.
Y, cómo no,
no podían faltar los templos capitolinos, dedicados a la tríada capitolina,
esto es, los tres principales dioses del oficialismo: Júpiter, Juno y Minerva,
de los que apenas quedan restos. Eran rectangulares, compuestos por una pronaos
y una cella y situados sobre un podium al que se accedía por una escalinata
(casi intacta la del templo de Júpiter). Junto a estos se encuentra el dedicado
a Isis.
Ya para los
hiper frikis Luisa Ramos recomienda la Guía oficial del conjunto arqueológico
Baelo Claudia, editado por la Junta de Andalucía y cuyo precio oscila entre los
nueve y los diez euros.
Agotados y a
punto de empezar a hablar latín de tanta inmersión en la cultura latina,
regresamos a Tomares, finalizando un día casi de fiesta, casi romano. Vale
valete, comites!