UN BREVE AMOR

 

 

Un día de Diciembre, cerca de la Navidad, Elena iba a comprar los regalos para su familia. Ella tenía 17 años y vivía con sus padres y su hermano pequeño de 7 años.

Entró en la tienda llamada Presents y escogió los regalos adecuados: un conjunto de collar y pendientes que tanto le gustaba a su madre, un reloj que tanto deseaba su padre y un juguete de Súper Héroes que le gustaría tener a su hermano.

Se puso en la cola para pagar. Después de una señora, por fin llegó su turno y dejó todos los regalos en el mostrador. Al levantar la mirada y ver al dependiente su corazón latió con mucha fuerza al ver a aquel muchacho tan atractivo. Era joven, alto, de pelo castaño y ojos marrones que sonreía con una sonrisa que cualquier mujer hubiera deseado.            

Para Elena ese momento fue mágico, hasta que una inesperada llamada de su madre lo interrumpió todo:

-E…espere un momento… ¿Sí? ¿Mamá?

-Hija, ¿dónde estás? Tu padre acaba de llegar del trabajo.

-Estoy haciendo unas compras, ya voy para allá.

-Está bien, hija, no tardes.

-Vale mamá, adiós. -Colgó- Perdone, cóbreme esto… -y dejó el móvil en el mostrador.

El dependiente le cobró los regalos y se los envolvió. Elena pagó, cogió las bolsas y se marchó sonriéndole al muchacho y éste le devolvió la sonrisa.

Al cabo de minutos, el dependiente, se dio cuenta de que Elena se había dejado el móvil encima de la mesa. Éste salió de detrás del mostrador y, corriendo, se dirigió a la puerta para ver si todavía seguía allí la muchacha, pero no estaba.

Al día siguiente era lunes, por lo que Elena tenía que ir al instituto. Se levantó, se vistió, desayunó y salió de su casa para encontrarse con su amiga Sandra. Ellas siempre iban juntas a clase y eran las mejores amigas de todo el instituto. A mitad de la mañana, Elena estaba en clase de Ciencias Sociales cuando una profesora entró inesperadamente, se dirigió a Elena y dijo:

-Hay un muchacho que pregunta por ti, sal un momento, por favor.

            Elena, desconcertada, siguió a esa profesora preguntándose quién podría ser aquel chico:

-¿Será mi hermano? –Pensó- No, porque si no hubiera venido con mi madre.

            Con estos pensamientos, llegó al patio dónde, al ver a aquel muchacho, le dio un vuelco el corazón. Era el dependiente de la tienda del día anterior. Éste se le acercó:

-Hola, soy el dependiente de la tienda de ayer… te dejaste tu móvil… toma –dijo acercándole el móvil y Elena lo cogió.

-¡Vaya! Es verdad, me lo dejé allí… gracias pero… ¿cómo me has localizado?

-Bueno he tenido que mirar en tu agenda personal, encontré el número de este instituto y me imaginé que estudiabas aquí, después busqué una imagen tuya y se la enseñé a esa profesora que, por lo visto te conoce… te llamas Elena ¿verdad?

-Sí… claro…eres muy listo… -se asombró y le sonrió- muchas gracias de nuevo.

-Gracias, no es nada, yo me llamo Álvaro, encantado.

-Igualmente, bueno tengo que ir a clase porque…

-Te van a reñir, lo sé… -la interrumpió- ya nos veremos.

-Vale, eso… ya nos veremos

            Elena se marchó preguntándose si era un sueño o no.

            Al terminar las clases, Elena le contó todo a su amiga Sonia.

-¿De verdad te pasó todo eso? –Dijo Sonia con asombro- Deberías invitarle a tomar algo.

-¿Yo? ¡No! ¡Qué vergüenza!

-Excúsate diciendo que es por agradecimiento.

-Pero no se donde vive ni tengo su número de teléfono, no podría.

-Pero sabes donde trabaja, ¿no?

-Es verdad…

-¡Vamos!

            Se dirigieron a la tienda donde trabajaba Álvaro. Se pararon en la puerta, se asomaron y lo vieron. Elena entró un poco avergonzada.

-Hola –saludó.

-Vaya, hola –se asombró Álvaro.

-He estado pensando y… podría invitarte a comer hoy… por agradecimiento… pero si no quieres no pasa nada.

-¡No, no! Vale, aunque no haga falta… fue una tontería.

-Bueno, ¿estás libre esta tarde?

-Sí, ¿quedamos aquí dentro de una hora y media?

-¡Vale! De acuerdo… ¡Adiós! –y salió corriendo hacia la puerta en busca de su amiga que la estaba esperando allí. Las dos se miraron y se sonrieron con ilusión.

            Al llegar a su casa, Elena subió las escaleras para llegar a su habitación. Allí abrió el armario, sacó un vestido rojo con volantes, lo miró y lo dejó encima de su cama. Lo mismo hizo con unos pantalones negros, una falda vaquera y una camiseta celeste. Al final se puso una falda de tablas vaquera con una camiseta violeta, encima una torerita marrón claro y unas botas, altas, marrones y con un poco de tacón.

            Salió de su cuarto ya preparada, bajó las escaleras, cogió su abrigo y salió por la puerta. Fue andando por la calle hacia la tienda. Al llegar se asomó y no había nadie. De repente, una voz por detrás la sorprendió:

-¡Hola, Elena! ¿Nos vamos?

-Hola, claro –dijo ya recuperada del susto.

Pasaron el resto del día juntos, al principio avergonzados, pero después empezaron a coger confianza. Primero fueron a un restaurante, donde hablaron sobre sus vidas, luego fueron a un parque de atracciones, donde se lo pasaron muy bien y se rieron mucho, mas tarde fueron al cine, donde los dos sentían algo más que una simple amistad. Cuando terminó la película ya era de noche, así que se despidieron:

-Me lo he pasado muy bien hoy –dijo Elena sonriendo- me ha encantado conocerte.

-Igualmente a ti, Elena –dijo Álvaro- Adiós –se acercó a Elena y la besó. Para los dos ese momento fue eterno hasta que Álvaro se marchó. Elena se quedó en el mismo sitio reflexionando sobre lo que acababa de ocurrir. No se lo creía, le parecía imposible. Y tras pensar eso salió corriendo muy emocionada a su casa.

Al día siguiente, Elena fue a la tienda por la tarde para visitar a Álvaro, pero al llegar la tienda estaba cerrada. Había un cartel que ponía: nos hemos trasladado a otro país, disculpen las molestias. Tras leer esto, un oscuro sentimiento invadió el corazón de Elena, todas sus esperanzas se habían ido para siempre.

Elena volvió a su casa pálida de la tristeza y con muchas dudas en la cabeza.

 

                                                    Ana María Real Pérez 2º F