COMO LA VIDA MISMA

La verdad es que no se cómo empezar esta historia. O cuento. O como quieran llamarlo. Es algo que uno ve como algo cotidiano. Simplemente así, lo ves pasar y parece que nunca te va a ocurrir. Sale en televisión, en los “reality show”, en las revistas del corazón, en algunos periódicos,…
Es eso que todos vemos ya como normal porque nos bombardean con miles de situaciones, anécdotas, abogados, dinero, casas, coches, reclamaciones.
Qué barbaridad, decimos, cómo lo estarán pasando esos niños. Juzgamos según nos parezca o el sesgo que le dé el interlocutor de turno sobre quién tiene la razón. Qué razones tiene el otro para ser un desgraciado.
La mayoría de las veces puedes encontrarle un sentido, entiendes por qué ocurren determinadas cosas. Otras veces ni te enteras hasta que un buen día descubres que la situación se te va de las manos, te preguntas qué pasa, intentas racionalizar miles de cuestiones, tratas de encontrarles una explicación y se escapa de las manos una y mil veces. Y continúas viendo que se escapa.
Es una estructura, perfectamente montada. Socialmente aceptada. Así es como tiene que ser. El paradigma de la felicidad, de la estabilidad, del futuro seguro.
Es una película con los recursos correctos. Con la trama idónea. Con los actores que corresponden. Cada uno con su papel perfectamente aprendido. Director, tramoya, cámaras, escenarios, cables, luz, los buenos, los malos, los segundones, los protagonistas, los extras,………
Silencio - cámara - ¡acción!
Comienza un rodaje alucinante. Es lo que se viene repitiendo desde tiempos inmemoriales. Y nunca queda obsoleto. Nunca pasa de moda. Quizás cambien algunos matices. Las situaciones no son las mismas ahora que hace equis años.
Antes el grupo humano tenía estipulados unos papeles muy bien definidos, muy estructurados. Cada uno a lo suyo. Y el resultado era admisible y excelente.
Lo que pasa es que con los tiempos estos papeles han cambiado, o están abocados al cambio. Ya los estereotipos no existen como tales. Ya los papeles se intercambian, uno puede hacer de “…” (lo que sea) en este momento y el otro de “___” (lo que sea) en otro momento. O los dos lo mismo según la situación y necesidades.
En fin, me voy a dejar de redondeos y voy al grano.
Nosotros teníamos esa estructura maravillosa, con sus más y sus menos, con sus momentos mejores y peores, días altos y otros bajos, la mitad del día de una forma y la otra mitad de la contraria, pero seguíamos la pauta. Un elemento seguía su papel a la perfección y nos tenía surtidos de parabienes. El otro tenía muy bien aprendido su papel y no se equivocaba en lo más mínimo. La película se las prometía muy, muy felices.
¿Qué pasó entonces?
¿Es que nos estábamos perdiendo algo?
Por más que repasaba el guión, no entendía lo que pasaba. Todo estaba escrito en él: los diálogos eran los que correspondían, los escenarios eran correctos, los personajes iban y venían haciendo lo que tenían que hacer con sus mejores o peores cualidades, con sus papeles principales los que correspondían y con los secundarios los que los tenían asignados. Apariciones de extras, etc., etc.
No sé si en algún momento lo comenté con mi hermano, la verdad es que nos estábamos perdiendo. Vueltas y más vueltas al guión.
Qué ocurría. ¿Es que lo estamos viendo al revés? ¿Es que el director ha hecho cambios de última hora y no ha avisado a nadie?
Algo se venía abajo sin que rascáramos bola ni mi hermano ni yo.
El futuro de la peli se veía cada vez más oscuro. A ver cómo termina esta historia.
Uno de los actores principales de la historia dijo que no aguantaba más y que se iba. La verdad es que no entiendo si es que no le pagaban lo suficiente o que no le gustaba su papel. A lo mejor es que no le encontraban su “lado bueno”. A lo peor es que era un inconformista y le importaba un cuerno el desarrollo de la trama. Otra cosa es que hubiera visto tan negro su futuro en la película que, en cuanto otro director le ofreció un papel estelar, vio el cielo abierto y aceptó trabajar para otra compañía. Es posible. Nunca se sabe dónde está el futuro de cada uno.
He tratado de informarme, he tratado de entender, lucho por mi papel… o más bien luchamos, porque somos dos los actores que nos hemos quedado con dos películas, con dos papeles por definir. A veces entendemos, a veces nos liamos, a veces intentamos seguir las dos películas, porque cada uno tiene la suya.
Entendemos que la película de la vida sólo se rueda una vez. Entendemos que cada uno tiene su película. Entonces, ¿por qué hay actores que tienen varios papeles? Si han elegido otra película, ¿qué hace un actor peleándose aún por viejos papeles?
La verdad es que, a veces, un papel ha sido tan importante que sigue marcando la pauta de una persona, le caracteriza, es lo que, creo que llaman que un actor se encuentra encasillado en un tipo de caracterización, y no sabe jugar otro papel.
Lola Flores sólo ha hecho papeles de folklórica. Jim Carrey siempre será un cómico. Clint Eastwood siempre será un “duro”. Antonio Banderas, un galán. Kim Basinguer, una sex-simbol. Robert de Niro, de gánster. John Wayne, el eterno vaquero. Y mi padre, pues el eterno padre.
Esto de los papeles es complicado. Mi hermano y yo tratamos de seguir el nuestro, el que tenemos en esta película nuestra, en la que intentamos mantenernos a flote.

Es como ir al cine y ver dos películas distintas. Creo que a cualquiera le costaría seguirlas las dos a la vez. Pero, cuando no tienes más narices, pues habrá que seguirlas. Quizás una te interese más que la otra y la sigas con más interés, quizás a veces la otra se ponga más interesante y capte nuestra atención,….
La actriz de nuestra película juega su papel, se mueve por escenarios distintos y con otras expectativas que le impuso el director. Nuestro actor desarrolla su labor en otra película pero siempre está por aquí, dispuesto a echar una mano, en nuestros escenarios, maneja luces, aporta ideas, arregla decorados si se estropean, muchas veces empuja las cámaras según nuestro guión,…...
Pero seguimos queriendo entender que las películas hay que acabarlas con los actores originales, que para eso alguien las escribió, alguien las ideó y les dio mil vueltas. Para que se desarrollaran y tuvieran un final feliz, o el que fuera, pero el final adecuado.
Me encuentro que despierto en infinidad de ocasiones en que, volviendo al principio de esta historia, creo que estoy viendo la tele y me creo que es eso, un programa en el que me quedé dormido y que, de pronto abres los ojos y dices: “por dónde va esto”, “qué es lo que me he perdido”,… Es algo que nunca puedes imaginar que te ocurra a ti.
Y por qué nosotros. Si todo iba sobre ruedas… Qué es lo que ha fallado. Y una pregunta que me late muy a menudo: ¿qué culpa tenemos nosotros? ¿habremos hecho algo que contribuya a este cambio de papeles?
Quiero pensar, o mejor, queremos pensar, que, mejor que actores, somos espectadores de películas distintas de las que no entendemos algunos matices. De una trama original, una película ya hecha, se han desgajado dos historias y nos encontramos en medio. Y es que nosotros tenemos nuestra propia película, o mejor, nuestro propio borrador aún, y es con el que, un día tendremos que desarrollar los diferentes papeles; con otros implicados, con otros escenarios, con otra dirección, nuestra propia dirección, nuestras propias ideas,….
De todas formas, creo que el comienzo fue extraordinario, que la continuación ha sido inmejorable, y que, dentro de los problemas de rodaje típicos, esta historia continúa. Las buenas películas no se olvidan. Siempre recurrimos a ellas según las circunstancias de la vida y nos aportan ideas de futuro. En los grandes batacazos siempre hay que ser positivos y aprender, aprender, aprender. Porque es parte del desarrollo de las grandes películas. Porque en toda historia hay problemas. Se acaba el presupuesto, una manifestación el día de rodaje por los osos grises que estropea el escenario, el director se ha quedado sin gasolina a 50 kilómetros y no va a llegar al rodaje, la actriz principal se pone con la regla y le duele la barriga, al galán de turno le salen dos granos en la nariz,….
Y esta historia tiene que tener un final adecuado, o feliz, o conveniente, o bueno para todos sin tener que ser el que cada parte espera. A lo mejor es distinto pero eso, bueno para todos si todos estamos implicados y predispuestos para que el cambio no se convierta de historia de la vida en tragedia griega.
Esta es la historia que tuvimos que ver, aceptar y manejar mi hermano y yo cuando dos actores principales como mis padres decidieron no seguir sus papeles y destruir toda la estructura familiar y con ello nuestra estabilidad. Ese fue el día de la separación, del divorcio tan conocido y utilizados por esos adultos que presumiblemente deben dar una vida digna a sus hijos pero que solo consiguen que suframos
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Pero seguimos sin entender que lo que sale en la televisión, en los “reality show”, en las revistas del corazón, en algunos periódicos,… eso que todos vemos ya como normal porque nos bombardean con miles de situaciones, anécdotas, abogados, dinero, casas, coches, reclamaciones,... nos esté pasando a nosotros.