Intercambio Amsterdam-Sevilla

Por María Calzada

El sábado los españoles estábamos algo nerviosos por la llegada de los holandeses, y en el aeropuerto no parábamos de quejarnos del retraso del avión en el que venían. A unos cuantos holandeses se le perdieron las maletas, y eso dejó un poco mal parado al aeropuerto de Sevilla. Pero lo solucionaron a la mañana siguiente, así que el problema no fue a mayor. Los holandeses fueron a sus respectivas casas. Esa misma noche bajamos a Sevilla y fuimos a un pub de la calle Betis, en un principio no nos dejaron entrar por ser menores pero cuando vieron que había muchas chicas y que encima eran “guiris” no se lo pensaron dos veces y pasamos todos. Supongo que atraerían a clientela masculina. A pesar del largo viaje todos bailaban, exceptuando a las que les dolían los pies de los tacones y los que estaban cansados. Si queríamos bajar a Sevilla lo hacíamos en autobús, por lo que se aprendieron la estación de Plaza de Armas de memoria.

 

El domingo fuimos a enseñarles Sevilla. Dimos muchísimas vueltas, entramos en la Catedral y hasta subimos a la Giralda. Por la tarde, tras un largo debate decidimos ir a una tetería.

El lunes por la mañana los holandeses se fueron a Sevilla, estuvieron viendo monumentos y comprando regales para sus familias. Nosotros teníamos clases en el instituto, así que esa mañana transcurrió como normalmente. Una vez en Tomares cenamos en el Burger King y nos fuimos al Pub Irlandés, donde no paramos de hablar.

  

 

El martes fuimos desde por la mañana a la playa. Primero fuimos a Doñana y andamos una especie de sendero donde se vimos la laguna del Jaral y terminamos en unas dunas cerca de la playa de El Loro. El andar mucho mereció la pena porque después comimos en la playa. Las profesoras nos dejaron mucha libertad. En la playa todos hablaron con todos, no había nadie excluido.

El llegar cansadísimos de la playa no hizo que no saliéramos esa noche, tardamos el tiempo de dejar las mochilas en casa para volver a quedar con el fin de jugar una horita al baloncesto. En principio era holandeses contra españoles, pero al poco rato de jugar de mezclaron los equipos con el fin de compensar los jugadores menos buenos. Más tarde nos fuimos cada uno a casa a ducharnos, y fuimos a un pub de Tomares, Plan B. Allí jugamos al billar entre otras muchas cosas.

El miércoles era el último día, bajaron a Sevilla para visitar más museos, monumentos y demás cosas propias de Sevilla. Cenamos en la Moguela, un bar del centro de Tomares. Sin duda, los holandeses y los españoles éramos muy  homogéneos. Después de cenar nos fuimos de nuevo al Pub Irlandés, y como suele pasar siempre en el último día es cuando te lo pasas mejor. Estuvimos todos hablando y haciendo bromas continuamente.

Este intercambio nos ha servido para saber cómo son las personas que tienen otra cultura y otra forma de vivir diferente a la nuestra, pero la verdad es que no era muy diferente. Era divertido ver cómo se sorprendían con nuestras costumbres. Hemos tenido suerte con el grupo que nos ha tocado, ya que hay algunos tímidos, pero la mayoría eran muy abiertos y sociables.

Creo que hemos conseguido que su estancia en España haya sido agradable, y hemos conseguido lo que queríamos: que no se aburrieran. Hicimos cosas todos los días, no pasábamos más de dos horas en casa exceptuando para dormir. La verdad es que los españoles acabamos muertos, porque nos acostábamos a las tres teniendo que ir al día siguiente al instituto a las ocho de la mañana, pero estoy segura de que todos lo volveríamos a hacer.