La hora mágica

 

Por Catalina León Benítez

 

 

       A veces se producen milagros. Los planetas se conjugan (o se conjuran); las brujas buenas y malas se ponen de acuerdo; la casualidad se convierte en destino…Así surgen las horas mágicas, esas en las que ocurre, o puede ocurrir, casi todo.

 

       Uno de esos momentos lo hemos vivido en el Instituto esta mañana, hoy, día tres de febrero de este año de 2010 que hemos iniciado hace un mes. Este Instituto es muy grande y pasan muchas cosas, algunas de las cuales ni siquiera llegan a sorprendernos o, si nos sorprenden, es precisamente porque estamos inmersos en un vaivén que nada tiene que ver con la rutina. La espuma de los días es aquí de un color diferente cada vez. Lo raro es que haya dos días iguales.

 

       Así que hoy, como os decía, hemos vivido una hora mágica. En esa hora, a la vez, al mismo tiempo, mientras la cadencia de las clases y las asignaturas seguía lenta e imparable, en dos lugares diferentes del edificio principal, dos personas ajenas al centro (ajenas, pero no extrañas), hablaban a nuestros alumnos. Uno hablaba de medicina, otro de poesía. Uno hablaba de salvar vidas y otro de darle a la vida el calor de las emociones. En uno de esos espacios se proyectaban imágenes de personas que habían vivido el milagro; en otro, el milagro de la voz humana recitaba las viejas palabras de los poetas viejos.

 

       No me digáis que no es extraño, que no es curioso, que no es esperanzador. Nuestros jóvenes, los estudiantes del Instituto, algunos de tercero de la ESO, otros de primero de Bachillerato, estaban a la vez y sin saberlo (o quizá lo saben y lo guardan en lo más profundo de su corazón) asistiendo a un momento mágico en el que dos mensajes cruzaban de lado a lado nuestros patios (tan bonitos, con esos paracaídas de la paz y esas fotos que claman por Haití) y se mezclaban entre sí: poesía, literatura, vida, trasplantes, Sevilla, libros, batas blancas, generosidad, entrega, dedicación, ayuda, otra vez vida…

 

       El doctor José Pérez Bernal, coordinador de trasplantes del Hospital Virgen del Rocío de Sevilla y Francisco Robles, periodista y escritor sevillano, casi oriundos del mismo barrio, han coincidido en el tiempo y en el espacio. Nuestro Instituto los ha acogido y les ha dado un altavoz para que los alumnos entiendan que el trasplante de órganos es un acto de solidaridad y de entrega, y que leer, escribir y crear literatura es una forma de ofrecer a los otros lo que somos. Quién sabe si esta coincidencia no es el comienzo de una gran amistad y veremos al doctor Pérez Bernal entrevistado por Francisco Robles en la televisión. Quién sabe si, en esos momentos, ambos recuerdan que un día de febrero, en el Instituto Néstor Almendros, sus voces se elevaron a la vez, cada una con su mensaje.